—Eso ha sido perfecto — murmuré.
—¿Estos eran tus planes?
—No, pero salió mejor de lo que esperaba.
—Me alegro por ti — se fue a su habitación, sin decir nada más.
¿A esta qué le sucede ahora?
Gloria subió las escaleras arreglándose la bata semitransparente que se había puesto por encima.
—Han acabado por completo con el clímax. Desaparece de mi vista — enojada se encerró en su cuarto.
Tal parece que está despechada. Es tan satisfactorio verla de esa manera. Esta vez nos ha salvado el pellejo. Pronto le estaré pasando factura como es debido. Por ahora solo me limitaré a disfrutar de su sufrimiento.
Fui a mi habitación en busca de darme un baño. No podía dejar de pensar en lo que ocurrió en esa habitación. La mente me jugó una broma. Estar tanto tiempo a solas con ella se volvió peligroso.
Bajé a la cocina a prepararme algo de comer, pero me estuvo extraño que Estefanía no haya salido de su habitación. Con todo lo que pasó, no tuvimos oportunidad de comer algo. Debe estar hambrienta, aun así, está encuevada.
Preparé algo ligero para así llevarle algo a ella. No solo por la preocupación de que no haya comido algo, sino porque me sentía inquieto recordando su expresión cuando se encerró. Me recibió en su habitación, estaba perfumada como si hubiera salido de bañarse recientemente. También llevaba puesta una pijama estilo traje corto, bastante infantil por los colores. Su cabello aún estaba algo húmedo.
—No has comido, así que te traje algo.
—Gracias. Déjalo en la mesa y buenas noches.
—¿Buenas noches? ¿Me estás echando de tu habitación? ¿A ti qué te sucede? — puse el plato encima de la mesa y la enfrenté.
—Ha sido un día difícil y tengo sueño.
—¿Me vas a decir qué rayos te pasa? No has hecho nada más que hacer cosas extrañas.
—¿Soy yo quién está haciendo cosas extrañas? ¿Estás seguro de eso?
—Ve directo al grano, ¿sí? Soy pésimo en eso de adivinar las cosas. Cuéntame, ¿qué te pasa?
—¿Ya te divertiste con ella?
—¿Con ella? ¿Hablas de tu mamá?
—¿Y hay alguien más?
—No, pero ¿por qué preguntas eso?
—Olvídalo.
—¿Por qué suenas tan molesta? ¿Acaso estás celosa?
—¿Por qué habría de sentir celos por ti, idiota?
—Lo mismo me cuestiono. Solo tú podrías responderlo.
—No sabía que te gustaban las mujeres maduras y viejas.
—¿Estás loca? A mí no me gustan las viejas. Ni siquiera es lo que crees.
—A mí parecer te veías bastante cómodo en la cama con mi mamá.
No sé por qué, pero verla con el ceño fruncido es divertido.
—Puede ser… — solté, en espera de ver su reacción.
—¡Eres un cerdo! — sus ojos se cristalizaron—. ¡Vete de mi cuarto! — se aproximó hacia la puerta y la abracé por la espalda.
—Hey, pelotita, ¿a dónde crees que vas? No he terminado de hablar contigo.
—¡Suéltame, estúpido!
El roce de su cuerpo durante el forcejeo solo calentó la situación más de la cuenta. Llevé mi mano a su cuello, asegurándome de que se quedara quieta y me aproximé a su hombro tras percibir su perfume. Maldición, otra vez está pasando.
—Si te confieso que a quien imaginaba debajo de mí era a ti, ¿pensarías que estoy enfermo, me apartarías o me dejarías recrear la misma escena, pero contigo debajo? — susurré a solo centímetros de su oreja.