«Para mí lo tengo todo, siempre y cuando te tenga a ti». Sus palabras se cruzaron por mi cabeza, haciendo más que evidente que ella jamás se iría sin mí. Pero, entonces, ¿qué fue lo que pasó? ¿Dónde está? No creo que haya sido la policía o hubiera habido mucho bullicio y aún estuvieran rondando el lugar. No debimos abandonar aquella casa, pero en gran parte solo quise complacerla.
Estaba a punto de enloquecer, buscando en cada rincón del motel y gritando su nombre como un demente. Ni siquiera me importaba si lograban reconocerme, solo quería encontrarla de una vez.
Subiendo las escaleras para ir al segundo piso, logré ver a la distancia lo que parecía un papel pegado a mi puerta. Eso no estaba ahí cuando salí, estoy seguro. Pensando que podría tratarse de ella, corrí hacia la puerta para ver si decía algo, pero el papel estaba en blanco.
—Athan Ruíz… Es un gusto poder saludarte — vi a un hombre caminar por el pasillo, acercándose lentamente hacia mí y vestido con un uniforme de la policía.
Pensaba correr, pero solo podía pensar en Estefanía. ¿Será que la atraparon?
—Debes estarte preguntando dónde está tu cómplice, ¿cierto? Te podré llevar con ella, siempre y cuando no pongas resistencia al arresto.
—Ella no es mi cómplice.
—No me interesa entrar en la situación ahora. Eso dejémoslo para el momento en que te interrogue.
—¿Dónde está ella? Si tú estás aquí, es porque ella no está contigo.
—Ya la llevaron a su destino; la cárcel. Es el mismo paraíso al que irás tú. Está muy afectada y si no mal recuerdo, herida.
—¿Herida? ¿Qué le hiciste?
—Con los criminales no debe haber consideraciones. Ella puso resistencia al arresto, así que mi compañero tuvo que neutralizarla. Lo mismo que deberé hacer contigo si no cooperas.
Estaba entre la espada y la pared. No quería regresar a aquel lugar, pero a la misma vez no quería dejar a Estefanía sola. Ella jamás me dejó solo y siempre hizo hasta lo indecible por ayudarme. Incluso si corro ahora, no tendré a dónde ir. Dudo mucho que este sujeto esté solo. No quisiera dar mi brazo a torcer, pero la única forma de liberarla a ella es diciendo que no es mi cómplice. Tal vez así ella pueda tener una vida normal, algo a lo que renuncié en el momento que maté a mi padre. Si testifico a su favor, a ella podrían ponerla en libertad, ¿no?
—Llévame con ella — le extendí mis brazos para que me arrestara.
—Buen chico.
No considero justo nada de esto, pero no tengo muchas opciones. Ahora mismo huir no me dará tranquilidad, sabiendo que ella estará enfrentando cargos por complicidad por mi culpa.
El oficial me trajo arrestado a un auto y me estuvo raro que no fuera una patrulla. Por más que le pregunté, él solo guardó silencio. Todo cobró sentido cuando vi mi antigua casa. He mordido el cebo directamente.
—¿Por qué me trajiste a esta casa?
—No hagas más preguntas y muévete.
¿Acaso a Estefanía también la trajeron aquí?
Confirmé mis dudas en el momento en que el sujeto me obligó a entrar a la casa. Había rastros de sangre en el suelo. Creaba un camino en la misma dirección que me trajo; el ático. Esa bruja estaba ahí, pero mi atención no podía mantenerla en ella, sino en Estefanía. No sé qué le pasaba, pero su cuerpo no se movía y su cabello tapaba su rostro como para saber si estaba o no consciente.
—¡¿Qué mierda le hiciste, bruja?! — vociferé, con todas mis fuerzas.
—Te dije que si atrapaban a la gorda, este travieso iba a aparecer por ella— ignoró mi pregunta y solo sonrió—. ¿Me extrañaste, diablillo?
—¿Qué le hiciste, bruja?
—¿Quieres saber? Te lo mostraré — le agarró el cabello a Estefanía y me mostró su rostro, dejándome ver lo que parecían tajaduras con algún objeto filoso o punzante, pero no estaba claro debido a la sangre que se deslizaba de ella sin cesar —. Le he dado a probar su propia medicina. Me ha dejado esta horrorosa cicatriz en mi rostro, pues debía devolverle el favor. Aquí tenemos presente al bello y la bestia.