Me sentía tan acalorada que me parecía que iba a arder en cualquier momento, creo que había sudado tanto que no me quedaba ni una sola gota más en el cuerpo, mi garganta seca parecía un caño viejo, lo único que pude expresar es, ―¡Agua! ―Está bien, pero debes de beber con cuidado, aunque tengas ahora sed, no es conveniente que tomes demasiado, si no tu estómago sufrirá más. A mí todo aquello, seguía sin querer decir nada, pues cada palabra retumbaba en mi cabeza como si estuviesen gritándome al oído, tan fuerte y confuso que no podía entenderlo. Intenté moverme, pero me dolía todo el cuerpo, algo así no lo había sentido antes, puede que fuesen agujetas, en que mis músculos se quedaban agarrotados por el esfuerzo, pero eso sólo me pasaba en los gemelos, no en todo el cuerpo como los sen

