―Pero…. ―pude acertar a decir ante aquella incongruencia, por cómo creía que fuese. Quizás demasiado influida por la televisión, esperaba encontrarme a una mujer mayor, encorvada, llena de verrugas, con una larga nariz retorcida hacia abajo, y con una estridente voz, pero aquello no se le parecía nada a lo que tenía delante. ―¿Eres una bruja? ―acerté a preguntar aún sin salir de mi asombro. ―¿Bruja?, ¡Qué va!, soy una científica. Toma asiento y te lo explico. ―¿Una científica? ―era lo último que esperaba encontrarme en un pueblo perdido como aquel, ¿qué haría ahí?, ahora algo más tranquila me senté a escuchar su historia, mientras me acercaba algo caliente de tomar. ―Mira, soy meteoróloga, al menos lo fui durante un tiempo, hasta que me obsesioné en buscar la tormenta perfecta. ―¿Qué

