Max se ve forzado a abrir los ojos producto de un gran chorro de agua fría y hielo que le cae a la cara. Se sienta en la cama… o al menos creía que allí estaba durmiendo, y ve a su madre sentada sobre la mesita de noche. —Pero que buena noche que tuviste, ¿verdad hijo mío? —Mamá… —No, la vecina a la que le tiraste el macetero al lado de su puerta —le dice con sorna y Max se pasa las manos por la cabeza, frunciendo el ceño para tratar de recordar cómo llegó allí—. —Yo no tengo vecinos… — le dice cuando recuerda que vive en el ático del edificio—. —En este piso, pero sí que tienes en los pisos de abajo y te diré, en los tres pisos donde te bajaste equivocado, dejaste tu huella. —Me voy a disculpar con ellos —hace ademán de ponerse de pie, pero Lucy le hace el gesto para que no lo haga—

