Mientras en el centro de la cuidad, a la salida de la universidad Católica Andrés Bello, donde estudia Sarais Naranjo, Pues al cruzar la calle se tropieza con el cuerpo de una persona masculina tirado boca abajo, por el cuál ella se asusta mucho, pegando un fuerte grito y colocándose la mano en su pecho, lo mira detalladamente, llevándose el cabello que caía en su rostro detrás de su oreja.
– ¡Ay por dios!, no estará muerto ¿pero que hago? ¿Que hago? Será que llamo a la policía o mejor a una ambulancia. – En medio de mis pensamientos saca la idea cuando me toma de los pies y me dice en voz baja.
– ¡Ayúdame, por favor! – Enseguida ella lo alzo como pudo y lo sujeto por la cintura diciéndole con voz temerosa.
– ¡Bien, bien no se que hacer solo dime! ¿Que hago? – Le pregunto, él le dice ya casi sin fuerzas.
– ¡Sácame de aquí, llévame a tu casa! – Lo dice muy desvalido, pálido, ya moribundo en donde ella lo lleva con cuidado a su casa que quedaba a unas cuadras de allí donde lo encontró, él estaba pegado a su cuerpo, ella baja la mirada al ver una mancha enorme de sangre en su camisa, voltea la cara para no ver su herida y aún más preocupada por la situación.
Pero no pensó por ningún momento en dejarlo abandonado, ya dentro de la casa lo lleva con cuidado y lo recuesta en medio de su sofá y mirándolo a la cara que en ese momento él se quejaba del dolor, sudando la frente, ella se mira la mano, la tenia llena de sangre, regresa la mirada al ver que él hace mueca con su cara por el fuerte dolor colocándose la mano en la herida.
– ¿Tienes con que curarme la herida? – Preguntó él con la voz baja sin aliento.
– ¿Que…? pero señor yo no tengo ni una curita con eso le digo todo, ¿Por que no me deja y llamo a emergencias? de verdad lo veo muy mal.
– ¡Noooo....! Ya te dije que no mujer, ve monta un poco de agua en la estufa y luego busca un par de toallas limpias yo te diré como vas a curarme la herida, ¡ve ya! tienes que cocerme ¿Tu tienes agujas? – Lo dijo, pero con voz fuerte, ella pela los ojos de los nervios reflejados en su rostro asustada.
– ¿Cómo…es la cosa? ¿Que yo que? ¡No, no, no!, ¿Usted se volvió loco?
– ¡Ve ya, que me desangro…! Mujer – Gritó activando a Sarais que corre a sacar una olla de los gabinetes y llenándola en el fregadero más sus manos temblaban de los nervios, los tenia de punta, después prende la estufa coloca la olla y se dirige a su habitación busca dos toallas en su closet con rapidez, cuando se disponía a salir y se acuerda que el también pidió la aguja y el hilo de cocer la busca en una de las gavetas lo consigue en una caja de zapatos llevándola a la sala colocándola en la mesa diciendo, pasando su mano por la cabeza.
– Ahí están las toallas y la aguja más el agua esta montada en la estufa, ahora ¿Qué hago señor, que más necesita? Señor déjeme decirle este algo yo no se nadita de ¿cómo curar heridas? – Dijo ella apartando la mirada al ver la herida.
– Tranquila mujer yo te guiare no es difícil, pero necesito que pongas de tu parte por favor si, ya que no se hasta cuando yo aguante la presión y termine desmayándome, mírame a la cara cuando te hable.
– ¡Hasta yo…! digo, digo… yo si estaré atenta, pero ay, señor y quien le hizo semejante cortada por lo que veo es muy profunda, lo digo por toda la sangre que ha derramado santo padre. – Lo dice muy nerviosa
– Un puto desgraciado que me quería robar, mi día de trabajo, ya en este país no se puede andar tranquilo por las calles, rayos duele full.
– Eso es en todos lados señor, la delincuencia asecha de noche y de día, ese no tiene ni hora ni fecha en el calendario.
– ¡Ja, eres muy graciosa lo sabias! – Lo dice mas subiendo su mano indicando hacia la cocina y ella a observa su mano.
– ¡Ve por el agua no debe estar tan caliente!
– ¡Ay si ya voy! – Corre apagando la estufa, el agua hervía saliendo el humo leve, ella niega con su cabeza diciendo en susurro. – Rayos… ¡no puede ser!
Busca unos guantes sacando la hoya con cuidado, la lleva a la sala y la coloca en la mesa quitándose los guantes.
– ¿Tienes celular? – Preguntó el mirándola a la cara.
– ¿Yo, eh… si tengo uno señor y eso para que?
– Será que usted, este me lo puede prestar para yo hacer una llamada. – Ella lo busca rápido dándoselo en la mano. – Sonrío segura mirándolo a los ojos.
– Tenga señor aquí está mi celular, haga la llamada y si quieres yo lo ayudo le marco el numero. – Dictando el número que anota rápido y llamando al sonar el primer tono se lo da mirándolo a la cara mientras, contesta.
– Halo hermano te llamo para infórmate que me acaban de robar y dejándome muy mal herido, pero se llevaron toda la plata. – Lo dice mas colocando su otra mano en la herida presionando, arrugando la cara al tener más intenso el dolor y soltando un leve suspiro le hace señas a ella, subiendo su camisa para que limpie la herida mientras hablaba.
– ¡No, no, no! hermano no estoy en un hospital, tu sabes que no me gusta ir me da pánico, pero no te alarmes por favor estoy bien un poco adolorido, una joven muy bella me esta curando gracias a Dios que ella estaba pasando cuando me dejaron muy mal herido y tuve la suerte que estuviera ahí. – Ella se sonroja al escucharlo decir esas palabras, pero continuaba limpiándole la herida.
– Si, hermano yo te vuelvo a llamar, cuando vaya para la casa y tranquilo no vayas alarmar a todos en casa óyeme sí, estoy bien chao. – Tranca la llamada mirando a la chica limpiarle la herida.
– Gracias, por se tan generosa y de ayudarme en ese momento a pesar que no me conocías para nada, sin saber si era bueno o malo, aun así, lo hiciste.
– De nada señor, bueno por la forma que viste yo no lo mire como una persona mala, aunque no le puedo negar que estaba totalmente asustada y no sabia que hacer, primera vez que me pasa esto… ¿Qué mas hago?
– ¿No tienes una vela? – Preguntó él serio, ella voltea pensando y mirando a su alrededor responde en voz baja.
– ¡Creo que si tengo una vela déjeme buscarla! – Se levanta a buscarla, de una vez la enciende y la trae.
– ¿Listo ya esta la vela que más?
– Debes pasar la aguja calentándola y a si ella se desinfecta. – Ella la busca la aguja, pero empezó a temblar, él la toma por la muñeca.
– Tranquila, yo se que lo harás muy bien, has hecho todo a la perfección para ser tu primera vez. – Lo dice con una sonrisa bajando ella la mirada.
– Pero yo veo que usted conoce mucho de esto señor ja lo digo porque…sabe. – Lo dice casi tumbando la vela por los nervios acotó. – ¡Ay rayos casi tumbo la vela!, lo siento, y ¿Ahora que más debo hacer?
– Relájate y coge un poco de aire, dime ¿Cómo te llamas…?
– ¿Yo cómo me llamo? mi nombre es Sarais Naranjo ¿y el suyo cual es?
– Néstor Alan Brito, soy Profesor de la Universidad.
– ¡Haas…! profesor ¿Dijo profesor? – Lo dijo nerviosa se levanta preocupada girando su cuello como una serpiente a la hora de cazar.
– ¿E y…? No te detengas la aguja debe estar caliente. – Dijo Néstor
– ¡Ay si, lo ciento!, es verdad, este ya yo voy. – Lo dice ella mientras continúa haciéndolo se pregunta en sus pensamientos. – ¿Y dónde estará mi amiga en este momento cuando yo más la necesito? ¡Ay dios santo! este hombre es un profesor de la Universidad ahora todos se van a enterar de esto rayos.
Mientras que su amiga Nancy se encontraba en el Supermercado haciendo las compras en compañía de Ángel Toro, donde ella esta pagando la cuenta y van saliendo del Supermercado, luego saca Ángel de su bolsillo una cajetilla de cigarros, el cual se lleva uno a la boca encendiéndolo con lentitud mas ella lo observa detalladamente y el voltea a verla.
– Listo, ya compraste. –Le dijo con la voz desfigurada por el cigarro en su boca.
– ¿Me compartes uno? – Añadió enseguida mirándolo a los ojos. – Si no es de mucha molestia claro.
– No, para nada, tenga. –Lo dijo de inmediato estirando su mano con la cajetilla de cigarros para que tomara uno, y preguntando muy cordial.
– ¿Te lo prendo? –Acercando su cara con el cigarrillo en la boca y para que él lo encendiera con su yesquero, él lo hace con gran sutileza, pero ella arrojó una bocanada de humo al cielo y soltó un sonido en señal de relajo.
– Lo necesitaba, a mi amiga no le gusta que yo fume me dice que es nocivo para la salud…y me rió cada vez que ella lo hace, diciendo con énfasis. –Je, je, je pero no le presto atención, ya que yo vivo desde hace 8 años haciéndolo.
– Lo dice ella porque es tu amiga y le importas, eso es bueno, tener a alguien que se preocupe por uno no crees, mi madre solía hablarme y estar muy atenta de mi. –Lo dijo con una sonrisa soltando otro bocado de humo.
– Gracias por acompañarme. – Respondió ella, con un brillo en sus ojos, mas intenso que la luz del sol y los expresivos ojos de Néstor estaban a punto de saltar sus cuencas de la emoción.
– Tranquila, esta salida me hizo muy bien. El que te debe es agradecer en este momento soy yo, si no hubiese sido por ti estaría terriblemente…perdido, de seguro. – Ella se ríe de él volteando la cara. – No te rías es enserio lo que te digo, valió la pena pasar por esa calle y recordar que allí vivías.
– Oye, no seas tan exagerado conmigo, pero me alegra, es todo, si quieres nos sentamos en el parque de la esquina y charlamos un rato ya que no tengo nada en mente para hacer ¿qué te parece?
– Bueno, muy bien me parece buena la idea, pero déjame ayudarte a llevarlas, deben pesar mucho. – Agarrando las bolsas va camina.
– ¡Ay si tan generoso, vamos! – Lanzando el cigarrillo al suelo, lo pisa con su pie luego dando varios ligeros movimientos, después se dirigen al parque de la esquina.
Mientras en la fábrica de embustidos Pantoja, el señor Pablo Pantoja estaba saliendo de su oficina y con varias carpetas en la mano, la secretaria sube la mirada, lo ve salir y lo aborda de inmediato.
– Señor Pablo su padre lo espera en la sala de juntas.
– Gracias Natalia, en seguida voy, tengo que llevar estas carpetas a Recursos Humanos.
– Si quiere le hago el favor, y se las llevo así no pierde mucho tiempo ya que a su padre lo note un poco molesto al llegar.
– Pues él en realidad siempre anda así de mal humor Natalia, pero muchas gracias este tenga se lo entrega directo a Ricky por favor ¿Y no ha llamado mi esposa? Por casualidad.
– ¡No señor…!
– Bueno si lo llega hacer dígale que estaré ocupado en todo el resto del día.
– Si señor yo le dejare su recado, en cuanto llame la señora Carolina.
– Dijo Natalia, llevando las carpetas de una vez a Recursos Humanos, mientras Pablo se dirige a la sala de junta y mira salir su hermano Camilo de su oficina.
– Hola hermano, ¿Cómo va todo? – Dándole un leve golpe en por el hombro.
– Pues todo marcha bien, si lo pregunta por lo de María… – Lo dice abriendo la puerta de la sala de juntas, entrando su hermano le responde.
– ¡No, no, no lo digo por ella!, por favor tú sabes que yo no me meto en tus asuntos, ni mucho menos con la relación de tu mujer Camilo, lo digo por que me entere que papa te puso como encargado del nuevo proyecto productivo en los llanos, mira que ese estado es muy productivo.
– Si es un gran proyecto, hermano mi situación con María este cada día no esta nada bien, yo ya estoy cansado de ella, como la ve, ella anoche no durmió en la casa, tuvimos varios roses, la verdad ya me tiene arto, no se que hacer, ahora la familia lo ha tomado como una unidad de chismes y de que hablar.
– Pero no lo tomes a mal, tu sabes que hay motivos, lo sabes y muy grandes, esa mujer se pasa de la raya, ya no te respeta y prácticamente se burla en tu cara, no te molestes, pero es la verdad, no se y te hago la pregunta, ¿Cuando tu la va a poner en su lugar?
Mientras ellos hablaban se iba abriendo la puerta cuando entra el joven Jairo el hermano menor con una sonrisa y mirando a sus hermanos, se aproxima.
– ¿Qué paso y esas caras largas? Sentándose y colocando una agenda en la mesa abotonándose un botón de la camisa.
– Te parece poco hermano, tener que estar aquí escuchando a nuestro padre donde goza un imperio cuando nos pone por debajo y humillando. – Dijo Pablo.
– No exageres tanto con mi padre hermano, mira acaba entrar toda la directiva ya cambien esa cara los dos, que me produce es ganas de regresarme.
– Trataré Hermano, trataré… – Lo dice más sentándose y mirando la directiva ocupar sus puestos le sonríe acomodándose la corbata.
– ¿Tu no tenías que ir a la universidad? – Preguntó Camilo.
– Si, pero yo llevé unos trabajos y temprano después me vine para acá, mas tarde regreso a la universidad, además, no creas que yo estoy ja muy a gusto aquí, vine porque mi padre me lo pidió y tu sabes muy bien Camilo, que cuando papá habla hay que salir de inmediato. – Lo dijo de la manera mas divertida.
– Ja, ja, ja es cierto. – Me lo dices o me lo preguntas hermano.
– ¿Y eso? me entere que papá te puso como encargado del nuevo proyecto, debes estar muy contento Camilo.
– No exageres hermanito, es un simple proyecto nada más. – Lo dice volteando la cara y ve entrar al encargado de producción en donde laboraba Karla, él lo mira entrar y está hablando con el personal administrativo.
Pensativo lo observa tomando el bolígrafo y le da varias vueltas en su mano y su hermano Pablo lo voltea a ver llamándolo el cual no escucha y lo vuelve hacer.
– ¿Camilo? Hermano ¿Qué te paso? estás como ido hombre
– ¡No me pasa nada! – Respondían soltando el bolígrafo.
– ¿Tienes algún problema con Rogelio? Mira que tus ojos te van a explotar con esa mirada de furioso.
– ¡Ya te dije que no pasa nada! – Dijo camilo volteando la cara