El Despido 2

2466 Palabras
Mientras en el taller mariachi rueda el padre de Karla estaba molesto porque no podía terminar de conseguir la falla, preocupado miraba el carro de color n***o, Con una mirada fija cuando entra su hermano menor Jorge Rodríguez le sonríe diciéndole y agarrando una llave de tuerca. – Si te quedas mirándolo de esa forma, pues el no te va decir la falla que tiene hermano. – Acercándosele mirando el carro lo chequea. – Ja, este carro me ha sabido sacar la piedra y bien sacada llevo más de dos días tratando y nada. ¿Qué será lo que tiene? – ¿Revisaste el motor a ver si de ahí es de donde viene la falla? – Si, si yo revise el motor. –Dijo Carlos. – Déjame revisarlo a ver en que te puedo ayudar. – Respondió con rapidez. En ese momento va entrando la esposa Sonia Garcés, con una bandeja que trae unos panes rellenos y un termo de café diciendo en una voz suave. – Hola, les traje un poco de pan relleno y un termo de café. – Gracias amor, tu siempre atenta y pendiente se te agrádese mucho hermano, quieres un café venga y coma de este pan. – Claro, claro gracias Sonia. –Lo dice secándose las manos con una toalla más recibiendo la taza de café. – De nada cuñado, y la niña ya se fue al colegio. –Pregunto Sonia – Si, pues me toco llevarla al colegio ya que en la noche se escucharon varias detonaciones por el barrio que tenemos al lado, me dio mucho miedo que se fuera sola. – Si, si nosotros escuchamos también esos tiros, pero fue cerquita me imagino que era de la banda esa del bueno para nada de Nabil, ese si ha dado buenos dolores de cabeza a la madre. –Dijo Carlos. – Pues sí, muchos hijos hoy en día no ven el sacrificio que hacen sus padres este por ellos para sacarlos adelante, para que estudien sean alguien en la vida y mira como terminan, siendo unos vagos, pues unos malandro que solo saben es hacer maldad. –Lo dice Sonia dando la vuelta y retirándose, cuando llega el señor Rafael Méndez que saluda. – Hola señor Carlos, disculpe la tardanza, pero anoche se formó un tiroteo en el barrio Ruiz Pineda, mataron un joven que vivían por la casa, eso fue terrible. – Tranquilo muchacho, nosotros escuchamos a las patrullas, pero cuéntame ¿Cómo te fue ayer pudiste comprar el repuesto del carrito de Karla? mira que el pobre de vaina anda empujado y no sé ¿Cómo no la ha dejado varada? – Ja, ja, ja, si es verdad señor, yo le he dicho a ella muchas veces que utilicé el mío, pero usted sabe como es su hija. – Ella adora ese carrito como tu no tienes idea, ella lo compró después de reunir durante un año imagínate. – Tranquilo suegro, que yo encontré la pieza, aunque tuve que recorrer varios lugares para encontrarlo, ya que el carro es muy viejo y son difíciles que salga al mercado esos repuestos ya le digo hice fue un milagro. – Mi sobrina se va poner contenta cuando se entere. –Dijo Carlos. Mientras en el centro de la cuidad de Caracas vivían la familia Pantoja, en una lujosa mansión. Con un jardín con muchas flores a su alrededor, con dos piscinas muy grandes, llenas de aguas cristalinas, a un costado esta un garaje con varios carros estacionados, y una moto roja del joven Jairo Pantoja, que en ese momento estaba saliendo de la mansión, se coloca los guantes, cuando va agarra el casco y que se encontraba en el muro de la entrada principal, sale corriendo una de las chicas de servicio, con el teléfono residencial en la mano gritando. – ¿Joven, joven Jairo, este al teléfono la señorita Perla Burgos lo llama? – ¡Pues dile que ya me fui! –Lo dijo el subiendo la mirada con una sonrisa después camina en dirección al garaje se sube a su moto, se coloca su casco prendiéndola y saliendo de la mansión y se marcha dejando atrás a la chica de servicio hablando por el teléfono que le habla a la señorita Perla. – Señorita disculpe, pero no logre alcanzar al joven Jairo se acaba de ir en su moto. – ¿Cómo que se fue, ha pero, ay por mil demonios? –Trancando la llamada y la chica de servicio arruga la cara hablando en susurro. – ¡Y a esta que mosquito le pico! –Entrando a la mansión pasando por el salón, sale la señora Ana Rosa Pérez Pantoja y le pregunta, asustándola con su voz ronca. – ¿Quién llamo Olga…? – ¡Ay señora!, llamo la señorita Perla preguntando por el joven Jairo pero hace tantito que se fue mas no logre alcanzarlo. – Ok, vaya a la cocina y prepáreme un té y tráeme una pastilla que tengo un fuerte dolor de cabeza, esta jaqueca me va matar, vaya. –Subiendo la mano al cielo se desplaza por su sala hermosa con muebles muy lujosos. – Si, si señora ya se la traigo con su permiso. –Sale ella, coloca el teléfono en la mesa y se dirige a la cocina, cuando casi choca con la cocinera. – Ay, ¡Olga ten mucho cuidado, casi me tumbas no ves que llevo una bandeja que la señora Clara me pidió que le llevara el desayuno a la cama! – Lo siento lo que pasa es que la señora Ana mando a buscar una pastilla para el dolor y que le llevara un té. – Bueno, hazte a un lado que voy saliendo, las pastillas están en el gambetero izquierdo en la cuarta gaveta y en la estufa está montado el té, muévete mujer. – ¡Ay no grites…ya oí! –Dijo Olga molesta. Mientras ella busca la pastilla y la señora Mónica lleva la bandeja subiendo las escaleras, camina a la recamara de la señora Clara y de inmediato ella toca la puerta. – ¡Adelante! –Lo dice ella bajándole un poco el volumen de la televisión. – Señora pues aquí le traigo lo que me pidió. –Entrando y colocándolo en la mesa la bandeja, y dando la vuelta. – Desea algo más Señora. –Preguntó mirándola a la cara. – No Mónica, una pregunta ¿mi hija salió ya de su recamara? – Señora su hija no durmió anoche aquí, pues asta el momento no sabemos de ella ni ha llamado, también el señor Camilo pregunto temprano por la señora y después se marcho. – ¿Y usted que le dijo? – ¡Lo mismo que le estoy diciendo a usted! – Ja, ¡Maldita sea!, puede retirarse Mónica y gracias por el desayuno. – De nada señora, estamos para servirle. –Saliendo de la recamara y cierra la puerta ella hace un gesto con su cara arrugándola y después sigue caminando bajando las escaleras, mira a ver cuando Olga le da la pastilla, el té a la señora Ana, llegando al final del recorrido de la escalera, cuando la señora se toma las pastillas y voltea a verla. – ¿Alguna de las dos saben donde esta María? –Pregunto Ana Rosa. – La señora María pues no se señora ella no vino a noche a dormir…Y –Lo Dijo Mónica tragando grueso. – ¡Ya lo se mujer! que no vino, pero que si ha llamado en el trascurso de la mañana. – No señora, no ha llamado. – ¿Dónde carajo estará esta mujer? ya se pueden retirar y por favor dígale al chofer que aliste el carro que en una hora estoy saliendo pero ¡ya! – Si, señora ya le digo con su permiso. –Dijo Mónica. En un hotel de 5 estrella muy elegante se encontraba la señora María acostada boca abajo con una sabana de color blanca y cubriéndola medio cuerpo, ella tiene un tatuaje de tres estrellas seguidas, y es tocada con el dedo índice de la mano de su amante Mario rojas, ella luego reacciona con una sonrisa voltea a mirarlo fijamente a la cara, diciéndole y subiendo la sabana para cubrirse. – ¿Qué haces? Sabes que a mi me das muchas cosquillas cuando me tocas de esa manera y me eriza la piel poniéndomela de gallina. – ¡A si yo te pongo! –Besándola por el cuello respirando en la nuca pero ella echa para atrás la cabeza, él se coloca de frente besando su boca en un beso intenso lleno de pasión, cuando el celular de ella suena pero voltea a ver el celular, él se coloca hacia atrás saliendo de la cama agarrando la toalla y se dirige al baño, ella suspira al verlo entrar al baño, agarra el celular y contesta, donde habla la madre. Que se encontraba en ese momento ella parada con un brazo cruzado mirando en la ventana saliendo a la señora Ana, después cerrando la cortina dando la vuelta. – ¿Se puede saber donde carajo estas tu metida? – ¡Ay mama!, no empiécese si, ya estoy muy grandecita para que vengas con un show que no te queda pero nada bien, yo soy una mujer. –Interrumpida por la madre que le habla con una voz irritante. – Casada, me oíste casada con Camilo Pantoja ha, ¿te volviste loca como se te ocurre no venir a dormir a la casa? ¡Por dios santo! – Si, fuera la primera vez que lo hago, ya tranquilízate y deja la intensidad que sabes que me molesta, cuando te pones con esa actitud, este yo ya voy para la empresa y hablo con Camilo si es tu dolor de cabeza. – ¡Bueno!, allá tú, pero hija no se te olvides he que le debes respeto a Camilo, mira que eres su esposa, mas vivimos muy bien con esta familia recuerda Que nosotras no tenemos ni un medio partido por la mita piénsalo y te lo pido arreglas las cosa con Camilo por favor. – Tranquila mamá yo arreglo las cosas con él, chao si ya. –Tranca molesta y saliendo Mario de la ducha con el paño colocado a media cintura que la ve ella sube la mirada disfrutando aquellos cuadritos de chocolate y con una sonrisa. – Era la amargada de mi madre, que estaba con un drama que lupita Ferrer se quedo pendeja. –Lo dice colocando el celular en su cartera. Él se sube a la cama después la besa acostándose encima de ella entre risas y caricias y lévala con una voz seductor. – ¡Pues se preocupa por ti! –Dijo él mientras la besa por el cuello. – A ella lo que le preocupa son los intereses, corazón eso es todo, pero tiene razón a fin de cuenta pues yo no tengo donde caerme muerta, vivo es por la fortuna de Camilo, no sabes lo que me costó a mi amarrarlo para que se casara conmigo me toco hacer un cursito mi amor y no fue barato. – Lo sé hasta yo vivo de él, ja, ja, ja. –Dijo él con una risa y voz irritante. – Amor el momento esta para comernos, pero me tengo que ir debo a sumir y seguir con la falsa y dar la cara a mi esposo perdóname ¿si? –Apartándose de el y levantándose en ropa interior caminando a buscar su vestido dorado y sus tacones mientras el la mira con una sonrisa agarrando la almohada. – ¿Y cuando le dirás que estas embarazada? ¡Porque me imagino que también se los vas a clavar al él! Para amarrarlo más. – ¿¡Que comes que adivinas!? Claro es la única manera de retenerlo y hoy es el mejor momento, para decírselo es la carta que tengo bajo la manga. – ¡Aunque no me agrada la noticia! –Dijo él volteando la cara. – ¿Qué quieres que haga? Yo fui muy clara contigo en el principio y otra cosa, fue por un resbalón que yo quede en estado pues a mi tampoco me agrada la idea pero Camilo Pantoja es mi esposo y a si va seguir siendo, quieras o no. – ¿Y yo tu amante claro? eres una mujer que me sorprende la manera de cómo hablas tan fría y seca. –Lo dice muy furioso y completamente oprimido por la indignación al escuchar hablar María de esa forma. – ¿Yo soy a si? Así me conociste y punto Mario ¿por que esa cara de sorpresa tuya? Las cosas entre nosotros dos, no han cambiado, para nada sigue siendo igual, y si estas pensando que tu y yo el día de mañana vamos a tener algo serio estas muy equivocado bájate de esa nube, pero ya… – Piensas de una manera atrevida y crees que es lindo, ¿Cierto María? Ella se encogió de hombros, como símbolo de indiferencia, agarrando una jarra con agua y mirándolo. – ¡Siempre lo he sido! – Afirmó con una audaz sonrisa mientras servía el agua en un vaso de cristal se lo bebe en frente de él. – En ese caso, solo me resta decir que espero una ejecución limpia. – En serio pides que sea limpia, después de todo lo que ha pasó entre tú y yo. – Dijo Mario en voz áspera y baja. – Pero tranquilo yo estoy bien. –Lo dice seria y acoto. – ¡Ya es pasado…! – Tú lo dices de la boca para fuera. – Con cara de ingenuo. – Piensa lo que quieras de mí, además yo nunca te he ocultado nada siempre e ido con la verdad por delante, no sé de qué te quejas querido. – ¡Ya vete! No voy a seguir perdiendo el tiempo contigo. – Por favor lo ciento Mario, pero tu empezaste mira que tu y yo la pasamos rico cierto, comimos y tomamos champagne, en el mejor restaurante de la cuidad no estropees la ocasión, todo por unos simple y absurdos celos, mi vida eh no me digas que también te va pegar la paternidad seria, el colmo de tu parte. Mario voltea la cara sin decir ni una palabra, ella en un cerrar y abrir de ojos lo mira va, agarra el abrigo y su cartera suspirando lo mira por ultima vez, sale de la habitación, colocándose sus gafas oscuras se marcha, quedando el molesto, que tira la almohada al suelo de la impotencia. – Tu eres solamente mía María de nadie mas, contra viento y marea yo peleare por ti y por mi hijo quieras o no el también es mío.
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