Una noche amable. Las noches anteriores resultaron deprimentes. El frío carcome los huesos con un hambre voraz y el estómago con tantos gruñidos parecía un concierto de fieras. Carlos Alberto intento resolver el problema de la comida comprando algunas piezas de pan, pero un auto carabinero en los alrededores lo alertó y se retiraron en busca de un escondite mejor. Le pareció cruel tener que soportar hambre y frío y a pesar de que él le habría dado su abrigo sabía que no era suficiente, sin embargo, ella se aferraba a su realidad y a sus necesidades de una manera única. Sus ojos color ámbar brillaban de ansias por vivir, por la sola necesidad de descubrir quién estaba detrás del complot para desheredarla. Pronto tendrían noticias del abogado de la familia. Estaba convencida de ello. Tras

