—Bueno, fue un placer conocerte, pero debo irme —dije, recuperando el aliento mientras él me observaba con esa sonrisa cautivadora y se recostaba en la cama. Me levanté y empecé a buscar mi ropa; debía regresar a casa cuanto antes. —¿Volveré a verte? —preguntó mi ardiente desconocido con curiosidad. —Eso depende de ti —respondí con indiferencia mientras me ponía el vestido—. Vengo dos veces por semana y siempre me siento en la misma mesa donde nos conocimos. Si coincidimos, podríamos repetirlo. —Le dediqué una sonrisa ligera, casi burlona, mientras intentaba encontrar mis malditas zapatillas. Él se incorporó, y no pude evitar quedarme mirándolo descaradamente. Todo eso había sido mío esta noche. Era evidente que era mucho mayor que yo, pero su cuerpo estaba tan bien cuidado que el paso

