Le marqué a Alfredo para que acordáramos un punto de encuentro, Edrian y yo pasamos por un helado en el camino, yo pedí de mi favorito, menta, y él pidió de chocolate amargo, nunca lo había probado y él no quería compartir conmigo, aunque de todos modos terminó accediendo a mis chantajes. Cómo a tres cuadras había una plaza, no sé en qué momento comenzamos a caminar tanto, pero la plaza era el punto de encuentro, dónde nos encontraríamos con mis amigos, espero que la actitud de Luisa cambie, no quisiera estar enojada con ella el día de mi boda. Después de todo, solo estarán presentes ellos, mi cuñado con su esposa y nosotros, pero no me dejaré afectar por ello, tengo al novio perfecto y está dispuesto a casarse conmigo. Sentí los brazos de Edrian rozar mi cintura y sus manos presionarme

