Era verdad, me sentía cansada, pero no podía evitar sentir esas ganas de dejarlo todo en nada y disfrutar de esta tarde, recordé a Edrian de rodillas para pedirme matrimonio y no puedo creer que lo haya hecho, es más, nunca lo imaginé así. Lo sentí venir hacía mí, puso su mano en mi hombro, rodeándolo, y me beso tiernamente la mejilla, espero que ahora podamos ser felices, que nada pueda interrumpir esto tan bonito que estamos viviendo y sintiendo. Me di la vuelta quedando frente a él y lo tomé desde el cuello, besándolo, todo era perfecto, aunque sentía la mirada de Teresa muy cerca de mi nuca. _ Creo que deberíamos irnos. – susurró Edrian. – Quiero estar a solas contigo. – agregó cerca de mi oreja y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Él sonrió, me molesta que provoque estas reacciones

