Nos quedamos dormidos abrazados, bueno… él se acostó de espaldas en la cama y yo me recosté en su pecho, era algo que me daba tanta tranquilidad, Edrian lo sabía y sólo con el brazo más cercano a mí, me abrazó. Estaba empezando a tener una sensación extraña, fue tan intensa que logré despertarme. Creí que había sido algún sueño o algo así, pero era Edrian, estaba sudando frío y murmuraba quién sabe qué cosas, lo que sentía se seguía intensificando y podía afirmar que mi pecho se estaba comprimiendo por algo, era miedo… miedo y tristeza, se apoderaban del chico Rosternat y comenzaba a cometer cosas atroces, podía sentirlo, él era parte de mí. _ Edrian. – susurré. – Edrian, despierta. Aquí estoy, ¡mírame! Por favor. – dije en un tono casi de súplica, pero no podía lograr que despertase.

