_ ¿Dije algo malo? – preguntó ella con la mirada perdida en la mía, ya no tenía el mismo brillo que antes, tal vez era desilusión lo que llenaba sus ojos. _No. Solo que tengo prisa y hambre. – dije para que ella sonriera y así lo hizo. De verdad que su sonrisa me encanta, provoca que una parte de mi que siempre creí muerta, sobresalga de esas cenizas que la tenían oculta. – No es broma Elizabeth. – volví a decir cuando vi que si seguía mirando su sonrisa caería en la tentación y no podría irme de su lado. _Está bien chico Rosternat. – mencionó ella, al cabo de unos cuantos segundos de un silencio tranquilizante, sí, era tranquilizante cuando nos quedábamos en silencio, no era incómodo cómo con el resto de las personas con las que me relacionaba, era cómo si comprendiera lo que sentía. –

