Tomé la chaqueta y me fui directo a la casa de Elizabeth para poder despedirme de ella tranquilamente, sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, me estaba desestabilizando por completo y no sabía a qué se debía esto. Me levanté como si nada hubiera pasado y seguí mi camino hasta la casa de mi pequeña bestia, ¿Qué si me canso de decirle así? Nunca lo haré. Por afuera todo se veía a oscuras, la única habitación que aún tenía luz era la de Elizabeth, sonreí, seguramente me está esperando cómo cada noche desde hace una semana. Tenía varios sentimientos encontrados, recordé el primer día que la vi, comiendo papas en Rosternat para que no me diera cuenta lo mucho que me observaba, cómo olvidar nuestra primera conversación a la salida del baño, nuestro primer beso a orillas del río, también recor

