El mismo día Alameda Edward ¡¿Qué diablos está sucediendo?! Porque siento que estoy acorralado por las preguntas de Elizabeth, ¿Sera verdad lo qué dice? ¿Sabrá quién soy? No tengo idea la cara de asombro que tengo que ni siquiera puedo articular ninguna palabra, aunque mi interior me grita que reaccione y no demuestre que he sido descubierto, entonces juego la carta que tengo bajo la manga. –Elizabeth tienes razón, soy un imbécil y no lo puedo evitar porque tú me aceleras el corazón con tú forma de actuar, ¿Satisfecha? –¡No! Porque no entiendo que buscabas confundiéndome. –¿Confundiéndote? Espero que esto aclare lo que siento por ti– le afirmo mientras la tomo por la cintura. –¡Eric! ¿Qué haces? –me reclama sorprendida. –Quiero saber si me correspondes– l

