Dan Byron me hizo seguir a su casa, justo en el sótano de las bodegas abandonadas, para poder hablar con sumo detalle. Aunque insistí, no dijo nada hasta que estuvimos abajo en sus sillones de cuero rojo, con todas las puertas y escotillas cerradas. Aunque la sangre me hervía por todo lo que estaba ocurriendo y los secretos que me había ocultado, decidí esperar a escuchar lo que tenía que decir antes que dejarme llevar por la violencia. No quería dejarme llevar por mis impulsos de nuevo y terminar en una situación nada deseada, como en la que me encontraba en ese momento. Mientras me preguntaba si realmente había sido un error intentar vengar a aquella mujer, que creí me amaba sin importar quién fuera. —¿Necesitas escuchar una canción de desamor o algo parecido? —dijo Byron con expresió

