1. Nuevo comienzo

2320 Palabras
Madison —Madison, Madison, Madison Su nombre es Anna, y la forma en que dice mi nombre sugiere que está a punto de hacer una broma y te prometo que probablemente ya la he escuchado, o está muy satisfecha con nuestro primer encuentro en persona. Como solo llevo unos diez minutos en esta oficina con ella, no puedo decirlo con exactitud. Apenas conozco a la mujer, y mucho menos sus tonos. Pero si sé que le encanta el color morado, por los infinitos tonos lavanda que tiene en su blusa de diseño en espiral. Esta es la reunión final de lo que tengo absoluta, positiva y persistente esperanza de que será la última entrevista antes de poder ponerle el sello de YA NOMAS DESEMPLEADA a este capítulo en mi vida. Ella y yo hemos estado intercambiándonos correos electrónicos en entrevista informales durante semanas mientras yo empacaba mi departamento y dejaba mi vida atrás en Milwaukee, Wisconsin. Esta oportunidad de trabajo apareció después de que actualice en mi perfil en “Contrátame” y espere gran expectación durante dos semanas enteras sin ninguna pista laboral concreta aquí en Green Bay. Un momento, olvídate de eso. He tenido muchas pistas laborales, pero ninguna de seguimiento. Y estoy bastante segura de que se por qué. Tiene todo que ver con el hecho de que soy la chica nueva en la ciudad. La chica nueva con una mancha enorme y desagradable que la persigue por todos lados. Como si hubieras derramado vino sobre una alfombra blanca y luego caca de perro encima. Y luego alguien tomo una foto y la subió al internet, solo para asegurarse de que todos la recordaran para siempre. —Anna, Anna, Anna— Le ofrezco una sonrisa, aunque no estoy segura de lo que viene a continuación. Anna y yo somos técnicamente amigas por correspondencia, si es que eso todavía es algo en estos tiempos, a juzgar por todos los correos electrónicos que recibo. Siento que es mi tía, con la que nunca había hablado en toda mi vida, hasta que necesite un favor. Y me va a contratar por razones obvias. tal vez esto sea solo mi dialogo interno positivo y descontrolado que intenta engañar al universo para que me dé un sueldo fijo nuevamente. Por favor, Anna y Dios permitan que este médico me contrate para que pueda seguir pagando mis cuentas y ser un adulta exitosa. —Debo decir, que, si fuera por mí, te contrataría en el acto— sonríe Anna, dejando a un lado mi curriculum, que sospecho acaricia todas las noches antes de acostarse. —Yo te contrataría a ti— bromeo, agregando un guiño juguetón. Sus hoyuelos brillan mientras me envía un cálida sonrisa. Si, definitivamente estamos en camino de alcanzar el nivel de amigas del vino. Por favor, Anna y Dios, permitamos alcanzar el nivel de amigas del vino. —Pero, ya sabes, hay un último paso importante— Cruza las manos sobre el escritorio con cuidado. La sonrisa se desvanece un poco. Una brisa fría llega desde algún lugar y me recuerda que, después de todo, puede que no seamos tan buenas amigas del vino. —Si— digo, sujetando firmemente mi maletín del tamaño de una computadora portátil en mi regazo. Este paso final es la razón por la que estoy aquí hoy. La barrera final entre mí y un potencial cliente importante que pagará mis cuentas durante los próximos meses. —Tienes que conocer al doctor— dice Anna simplemente, alejándose del escritorio como para sugerir que esto está fuera de su control. Su cabello castaño brilla debajo de la luz del sol que entra a raudales en la oficina a finales de la mañana de septiembre. Puedo decir que es una belleza cuando no trae su uniforme y esperando a que llegue la hora del almuerzo. El fino mechón de su ceja me dice todo lo que necesito saber. Esta mujer y yo nos parecemos más de lo que ella cree. ¿Y en serio? Todo esto esa parte de mi trabajo. El trabajo en el que Anna sabe que sería genial. El trabajo para el que el “Doc” aún no me ha contratado. —Vamos a su oficina— dice ella poniéndose de pie. Me empujo con las piernas tambaleantes, esperando que ella rodee su escritorio y me conduzca a la puerta negra cercana que dice “DOCTOR PARKER” Dudo en pensar que este trabajo ya está asegurado, aunque Anna y yo probablemente seamos amigas perdidas desde hace mucho tiempo y que aún no nos hemos conocido. A pesar de que Anna se puso en contacto conmigo porque estaba muy impresionada con mi perfil en “Contrátame” Dudo porque mi exjefe me ha difamado, aunque no es el único ex al que califica como tal en mi vida. Nadie quiere tocarme ni con un palo de tres metros, porque ese idiota conoce a todo el mundo en la industria de la imagen de marca. Por eso pensé que el campo medico podría ser una apuesta más segura. Nunca he trabajado con médicos antes. Solo con políticos, empresas tecnológicas emergentes, jugadores de futbol y genios en los datos torpes. Pero la gente que podría mirar el dedo meñique del pie que me golpee hace tres semanas y decirme si me lo rompí o no. Si. Estoy dentro. Solo puedo rezar para que mi ex no haya vaciado ya este campo de juego para mí. Anna me conduce a la espaciosa e inmaculada oficina del Dr. Parker. Huele ligeramente a colonia y látex, como si un vetiver almizclado hubiera tenido sexo con el guante de un médico. Anna me anima a sentarme en una de las dos sillas espartanas que hay frente al amplio escritorio. Promete que el medico llegara pronto y, en cuanto la puerta se cierra detrás de ella, entro en modo análisis. Dr. Parker. Todavía no se su nombre completo, porque toda esta oferta de trabajo es tan secreta que ni siquiera admitió que trabajaba en la industria medica hasta el correo electrónico número cuatro. A mucha gente no le gusta que la relacionen conmigo y lo entiendo. A veces no está bien admitir que trabajas con un gerente de marca, y mucho menos con un casamentero. Y estoy orgullosa de ser ambas cosas. A veces una más que la otra. Pero Dios me ayude, yo manejare tu imagen, ya sea para todo el mundo o solo para una amante especial. Me inclino sobre el escritorio del Dr. Parker, buscando algunas pistas que me indiquen quien podría ser. El edificio en el que estamos es utilizado por una mezcolanza de profesionales médicos, pero estoy, sin duda, en la unidad de cardiología. Su escritorio no ofrece ninguna pista. Cerca hay un recipiente metálico con bolígrafos, así como un cable de computadora portátil esperando que la unidad regrese de donde sea que el medico la haya llevado. El escritorio no tiene recuerdos. No hay fotos familiares conmovedoras. No hay un montón de carpetas o notas medio garabateadas que la recuerden que debe descongelar el pavo o comprar más ropa interior. Este hombre no ha dejado ninguna pista sobre su marca o su potencial compatibilidad. Frunzo el ceño, me recuerdo en mi asiento y golpeteo con el dedo el apoyabrazos mientras escrudiño el resto de la oficina en busca de más. El lugar esta impecable que no me sorprendería que un equipo de limpieza de alfombras viniera todas las noches. Así que el hombre valora la limpieza. Probablemente sea un maniático del orden, lo cual tiene sentido, teniendo en cuenta los gérmenes y su interés general por la salud. ¿Quizás incluso este al borde de la germofobia? Tendré que asegurarme de no pasarme la mano por la nariz o hacerme un calzón chino. No es que yo haga esas cosas delante de un cliente, pero es mejor saber qué es lo que no se puede hacer antes de conocer a alguien. Definitivamente no le tosas en toda la cara. Listo. Pero ¿Qué más? Veo algunas imágenes enmarcadas en la pared mas alejada de la oficina, junto a un armario alto de madera que se abre a otra puerta que supongo que es un armario o una entrada secreta, solo para médicos famosos, al quirófano. Me dirijo a los marcos. Algunos muestran certificaciones. El más grande contiene su título. LA UNIVERSIDAD DE CHICAGO PRITZKER DE MEDICINA ha conferido a XANDER DAMON PARKER el grado de MEDICO. Xander Parker. Parpadeo un par de veces y mi mirada recorre nuevamente la elegante escritura mientras las palabras se asientan en mí. El nombre me resulta familiar. Demasiado familiar. Unas voces al otro lado de la puerta de la oficina llaman mi atención y me apresuro a sentarme en la silla que esta frente al escritorio. La puerta se abre y oigo el retumbar de un bajo. —Espera— Prácticamente un ladrido. Tiene que ser el Dr. Parker. Anna entra en la habitación un momento después, con una sonrisa forzada. —El Dr. Parker esta casi listo para atenderte— dice. —Todavía está terminando una consulta quirúrgica y le toma unos minutos cambiarse— Entiendo lo que está diciendo, pero también puedo ver a través de sus palabras el verdadero significado. Él es una prima donna a la que tengo que tratar con guantes blancos. He trabajado con todo el mundo, en todos los niveles de la jerarquía. Y esta situación ya huele a guantes blancos y cascaras de huevo. La puerta se abre completamente detrás de ella y entra el Dr. Parker. No estoy segura de sí son tres segundos completo o solo medio segundo para que me dé cuenta de lo que está pasando y reconozca con quien estoy tratando. En cualquier caso, sucede rápido. Es para lo que estoy entrenada. Y la entrada de mi computadora me dice lo siguiente: Este hombre es un zorro Este hombre es un idiota. Y este hombre está demasiado ocupado. Tiene el cuello inclinado mientras estudia algunos archivos en sus manos, sin apenas mirar hacia dónde va, con una computadora portátil debajo del otro brazo. Casi choca contra Anna, quien salta para apartarse de su camino porque probablemente eso es lo que tiene que hacer todos los días, como un ensayo de ballet. Su cabello, casi n***o como el carbón, esta peinado hacia atrás en suaves ondas que enmarcan sus cejas negras, unidas con una mirada de médico, mientras pasa rozándome y se esconde detrás del escritorio. No estoy segura de que sepa que estoy aquí. No estoy segura de que le importe. Pero cuando se calma la brisa de su estela, percibo el olor a vetiver de su colonia y algo se tensa en mi interior. Puede que se deba a la forma cuadrada de sus hombros o al hecho de que mide un metro ochenta de altura y lleva una bata blanca y el ceño fruncido. Cuando se detiene detrás de su escritorio, deja la computadora portátil con un suspiro. Sus ojos azules helados miran fijamente sobre mí, encendiendo partes de mi cuerpo que no sabían que existían. Puede hacer que mi brazo se sienta cargado de erotismo con esa mirada azul que tiembla sobre él, y me pregunto si sus pacientes se excitan mientras están bajo anestesia. Pero cuando su mirada se posa en mi rostro, algo más me recorre el cuerpo. Es la espesa sensación de reconocimiento. No solo el horror velado de ver a alguien a quien conoces en el supermercado después de diez años de separación, sino el vago reconocimiento de que de repente te encuentras en una situación muy complicada. Conozco a este hombre. Su presencia se conecta con el nombre que figura en el diploma en un último y estruendoso crujido. Xander Parker. Por supuesto Este es un viaje a mi pasado en Bahía Azul, si es que alguna vez he visto uno. Un viaje a un doctor increíblemente sexy, bien envejecido y super sexy. Uno que ahora mismo me está mirando con el ceño fruncido, sus ojos se doblan como dagas. —Tienes que estar bromeando— espeta, y su mirada penetrante se dirige a Anna. Rezo por ti, mi amiga a Anna. —¿Es esto una maldita broma? — Anna se acerca al borde del escritorio con mucha más confianza de la que hubiera imaginado. Probablemente no ha sido muy agradable trabajar con este tipo. —¿De que estas hablando? — —Ella— Xander me señala con un gesto como si yo no fuera nada. No, como si yo fuera peor que nada. Como basura sin ceremonias abandonada en la acera durante seis semanas. Como si yo fuera el traste olvidado en el fondo del tercer cajón, el lugar que la gente ha estado ignorando a propósito. —No va a funcionar. Se acabo la entrevista— Aprieto los dientes mientras lo veo presionar las yemas de los dedos contra el escritorio, inclinándose hacia adelante como si quisiera establecer su dominio sobre mi cuerpo dócil y sentado. Enderezo la espalda mientras sopeso mis opciones. No esperaba que Xander Parker fuera el otro lado de la entrevista de hoy, pero definitivamente no esperaba que reaccionara así. Él y yo nunca tuvimos problemas en la preparatoria. No puedo imaginar porque me trata así. A menos que mi ex lo afectara de alguna manera. Pero eso parece imposible. Como algo salido de un sueño febril exagerado. No tengo tiempo para que me traten así. Ya no. No después de lo que pasó en Milwaukee. Ni siquiera si eso significa renunciar a un salario de cinco cifras por seis breves semanas de trabajo. —Genial. Entrevista terminada— Sostengo la mirada de Xander mientras me pongo de pie, asegurándome de que pueda sentir los filos afilados de mi mirada. Mi única punzada de arrepentimiento proviene de ver la expresión devastada de Anna mientras paso junto a ella.
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