Rosa y Sabrina esperaban a Becca en la cafetería AZUR, para después de desayunar ir de compras. El día estaba algo nublado y con una que otra precipitación. A ésta no le resultó difícil ser amiga de las chicas, se sentía a gusto con ellas. Después de mucho tiempo comenzó a considerar nuevamente la amistad y volver a intentar ser la persona que una vez fue.
Pasaron por la tienda de ropa de “Meriu”, la única y por lo tanto la mejor del lugar. Allí se probaron casi todos los vestidos, pasaron al menos dos horas probándose los mismos.
-Vamos, pruébate este Becca. Estoy segura que te quedará estupendo.- dijo Sabrina, quien tenía en la mano un vestido fantástico, de un color azul petróleo con unos diseños increíbles elaborados con estrás de plata luna.
Cuando Becca lo vio, quedó encantada. Ingresó al vestidor. El calor hizo que su sencillo maquillaje se corriera un poco. Al fin que logró colocarse el vestido salió y se lo mostró a sus nuevas amigas y estas quedaron fascinadas.
-¡Qué linda!- Exclamó Rosa mientras la contemplaba con admiración.
-Tenía razón, te quedó fantástico.- dijo Sabrina con una sonrisa triunfadora.
-Si, a mí me encanta. ¡Este es el que llevaré!- exclamó Bacca entusiasmada.
-Excelente elección.- dijo Meriu.
Becca en confianza, les reveló a sus amigas que esa misma noche tenía una cena en casa de Alex, quien la iba a presentar a toda su familia. Como era lo esperado, las chicas la abrumaron con preguntas y comentarios.
-Entonces, ahora mismo nos vamos al salón así te arreglas para esta noche.- dijo Sabrina animada.
-Si, podemos ir, y a decir verdad, estoy algo nerviosa.- dijo la muchacha con la voz temblorosa.
-No te preocupes.- la calmó Rosa. -Su madre es una mujer encantadora. Seguramente le caerás tan bien como a nosotras. Por cierto, ella es la que tiene a cargo el té de las damas de la iglesia.-
- Así es. Esa mujer es una dulzura de persona, así que no hay de que temer.- Dijo Sabrina.
-Si, lo intentaré-. Exclamó Becca más animada.
Se dirigieron al salón, que justamente quedaba al lado de la tienda de Meriu. Allí pasaron un par de horas más. Las muchachas se relajaron y disfrutaron de una excelente mañana solo de chicas.
Rosa se ofreció llevar a cada una de las muchachas a sus casas pero Sabrina se quedó porque aún tenía que hacer unas cosas en el pueblo.
-¡Gracias!- Exclamó Becca muy contenta.
-Nos vemos pronto, y luego nos cuentas como te fue en casa de Alex-dijo Rosa mientras arrancaba el vehículo.
-¡Claro que sí! Nos vemos pronto.- se despidió Becca.
Al entrar en la casa, Eloisa la esperaba con el almuerzo y le dio mucha alegría verla tan animada y diferente a como cuando había llegado tiempo atrás.
-¡Qué bien te ves mi niña!-
-Gracias abuela. Es este lugar. Este lugar me ha cambiado.- dijo ella con una expresión de satisfacción en el rostro.
-Mi pequeña, es el amor el que te ha cambiado.-
-Pero, que rico huele abuela, Siento nervios y con este nudo en mi estomago no creo poder pasar bocado alguno.-
-¿Por lo de esta noche?- preguntó Eloisa con un tono de ironía. -Todo estará bien, no tienes por qué estar así. Intenta relajarte. -
-Eso creo.- respondió la muchacha algo ansiosa.
-¡Vamos!, prueba algo Becca. Se está enfriando el pollo asado más delicioso que jamás hayas probado.-
Pero Becca no podía dejar de pensar en la cena que tendría en casa de Alex. Cientos de preguntas invaden su cabeza, y con solo haber visto su plato de comida se sació el estómago por completo.
Las horas pasaron tan rápido que estaba a una hora de la reunión familiar. La ansiedad era aún más intensa a medida que los minutos se acercaban. Se ponía y sacaba el vestido que usaría aquella noche, mientras pensaba si realmente se veía bien, o solo creía que si. Daba vueltas por toda la habitación, caminando de un lado hacia el otro sin parar.
> Era una pregunta que se hacía a cada minuto. Y así misma se decía, >.
Así es que se apresuró a terminar de alistarse. Se maquilló como la ocasión lo ameritaba y dejó su cabello suelto, el cual recae sobre sus delicados hombros descubiertos.
El timbre de la casa se escuchó y Becca se apresuró a bajar ya que Eloisa no se encontraba. Al abrir la puerta, sus miradas se unieron de una manera tan profunda como el inmenso mar. Allí estaban los dos, sin parpadear y en un instante él se abalanzó y la besó abrazándola muy fuerte por la cintura y así en la proximidad de sus cuerpos le susurró al oído:
-Te ves tan hermosa. -
Ella se estremeció ante el susurro de sus palabras. Le sonrió y respondió:
-Tú eres el hombre más apuesto del mundo entero.-
Al subir al auto, Alex notó lo nerviosa que se encontraba su enamorada y tomándola cálidamente de la mano le dijo:
-Becca, tranquila. No te imaginas lo emocionados que están por conocerte. Te van a amar tanto como
Yo.- La muchacha solo asintió con la cabeza.
Al llegar, Maritza se encontraba fuera de la casa sentada en el banco blanco de madera, esperándolos con ansias. La felicidad de ésta era mucha. Corrió a donde estaban para saludarlos y abrazando a Becca le dijo que era muy feliz de que estuviera con su hermano, porque ella había logrado hacerlo muy feliz. Sin duda alguna eso era algo por lo cual ella le estaba muy agradecida. La muchacha no supo qué responder, no se esperaba aquel recibimiento, pero le dijo que él había sido quien la había cambiado a ella.
Al entrar a la casa, Juan, el cuñado de Alex junto a su hija, la pequeña Celeste, estaban en la sala jugando a las cartas en la alfombra. Al verlos, los saludaron.
-¡Es muy bonita tío!-, dijo la pequeña sonriente.
-¿Verdad que sí?- exclamó él.
La madre estaba en la cocina terminando de preparar y servir unos bocadillos.
-¡Mamá!, ella es Becca.-
Ésta, quitándose los guantes de cocina y dejándolos sobre la mesada, se acercó a la pareja y saludó a la muchacha con un cálido beso y le dijo:
-¡Hola querida! Así que ¿tú eres la muchacha que apareció para cambiarle la vida a mi niño? Es un placer conocerte y que estés esta noche en casa. Preparé una carne asada con guarnición de papas doradas, espero que sea de tu agrado-.
-Claro-, dijo distendida y con una sonrisa que se extendía de oreja a oreja.
-Ahora, pasen a la mesa por favor,- los invitó la mujer.
La mesa s encuentra excelentemente preparada para la ocasión, con unos manteles de color borgoña y un centro de mesa con flores secas de los más lindos y cálidos colores. Becca se ubica al lado de Maritza. En la punta se encuentra la madre y en la otra Alex. Juan en frente de Maritza y al lado de su pequeña hija.
Se sirvieron los alimentos, y luego oraron por los mismos para dar así inicio a la cena.
Maritza no paraba de hablar, contaba una y otra anécdota de la infancia, cosas como cuando Alex a los cinco años había sufrido un pequeño accidente, se había caído de la bicicleta cuando al subir la colina se quedó sin frenos y cayó en un pequeño pozo; o del chichón en la frente y de los raspones de sus piernas y brazos debido a la precipitada caída. Reían todos en aquellos momentos, fue muy gracioso como ésta lo relataba.
-Si, recuerdo que me dolía todo el cuerpo y papá…-
Por un momento, todos quedaron en silencio, aunque fue breve.
-¡Sí! y papá te llevó a pescar al día siguiente para que te pasara el susto,- dijo Maritza.
Siguieron durante el resto de la velada hablando de todo un poco. Berenice, ese es el nombre de la madre, comentó acerca de haberla visto en la iglesia y que parecía muy tímida, pero ahora que la conocía mejor se daba cuenta que no era así. Le preguntó por qué se había mudado al pueblo y en ese momento fue interrumpida por Maritza quien pidió a Juan que les tomaran una foto a todos juntos para guardar el recuerdo de aquella noche que todos disfrutaron.
Fueron a la sala y se acomodaron en el sofá para la fotografía. Juan tomó su cámara y la ubicó en un estante que daba al frente de donde ellos estaban. Colocó la cámara en automático y se ubicó al lado de su esposa.
Luego, compartieron una rica taza de café con una rebanada de pastel de chocolate, el preferido de Alex, que Maritza había preparado en la tarde y allí continuaron con la charla.
La noche había avanzado y Celeste se quedó dormida sobre el regazo de su mamá. Juan se despidió de todos y tomando a su hija en brazos, la llevó al auto mientras Maritza se despedía de su madre, su hermano y Becca. Con una gran sonrisa se dirigió a la muchacha y una vez más le dijo agradecida:
-Estoy muy feliz de que Alex haya conocido a alguien como tú, porque lo haces realmente feliz. Se que ya te lo he ducho. Además ya eres como mi hermana, y ten por seguro que pronto nos veremos para continuar la charla.-
Becca muy complacida le respondió:
-El gusto fue también mío. Espero ansiosa aquel encuentro.-
Cuando se fueron todos, la mucha también se despidió de Berenice.
-¡Muchas gracias por la cena, estuvo todo muy delicioso! Espero pronto volverla a ver.-
-Me dio mucho gusto conocerte niña, claro que pronto nos veremos.- Respondió la mujer con una cálida sonrisa.
Alex tomó las llaves del coche para llevar a Becca de regreso a casa. Mientras conducía le preguntaba cómo se había sentido y que tal le había parecido su familia. Ella muy alegre le dijo que realmente la había pasado genial, y que no se había sentido en familia y tan bien hacía ya mucho tiempo. Eso le había traído muy buenos recuerdos. El estaba tan feliz que sus ojos iluminaban los suyos, realmente estaba muy enamorado de ella. Y su amor era plenamente correspondido.
Cuando llegaron, bajó y abrió la puerta del coche, tomó la mano de su amada y la ayudó a bajar. Luego la abrazó suavemente por la cintura y besó los labios rosados de la muchacha tan suavemente que fue como una caricia que llegó a tocar el alma de ambos.
-¡Te amo!,- exclamó él con los ojos llenos de alegría.
-¡También te amo!-, susurró ella.
Querían permanecer el uno al lado del otro cada segundo de sus vidas, su amor era demasiado fuerte. La pasión que ambos sentían era tanto en lo físico como en lo interior, en el alma.
-¿Irás a la fiesta de cumpleaños doble verdad?-
-Si mi amor, ¡ahí estaré!- Y con un último beso se despidieron y se desearon las buenas noches.
Alex subió al coche, y Becca desde el jardín se despidió con la mano y soltó un beso por el aire.
Un “Te amo”, logró leer a lo lejos que decían los labios de su enamorado.
Becca ya en su cuarto, se recostó en su cama y no pudo dejar de pensar en lo feliz que realmente era. Y si todo aquello era solo un sueño, no quería despertar jamás. Pero, ¿ se trataba acaso de un sueño o realmente era todo real?