Aún haciendo frío nos pasamos toda la tarde en el jardín, entre risas, charlas y sobre todo música, a la cual se unieron los peques en cuanto escucharon. Mi madre y mi suegra no salieron de la cocina en toda la tarde preparando toda la cena, Arlette y Mari iban de vez en cuando pero entre ellas las echaban de allí y sólo le permitían entrar si era a buscar algo de bebidas o de picar para los demás. Esperar así la Navidad era algo que no sucedía desde hace años, ni siquiera cuando invitabamos a Antonio, esas eran peores para mí, no porque estuviera él, sino, porque era cuando más la extrañaba y más ansiaba que estuviera conmigo y cuando más deseaba tener a mi pequeña entre mis brazos, pero era imposible porque ya no estaban en este mundo, un mundo donde me dejaron sólo, donde no sabía qué

