Desperté en la cama, me senté, la puerta del balcón estaba cerrada. ¿Habrá sido un sueño? No recordaba haberme levantado, menos caminar sobre la tabla de regreso. —Se me formó un nudo en la garganta al darme cuenta de que había sido un sueño. No vi a Jerónimo durante el día, sin embargo, si entraron muchas personas a su casa, amigos de sus tíos supongo. Mi abuela salió, nos despedimos e ingresé a mi habitación para cambiarme y dormir. Jerónimo me esperaba en el cuarto. —¿Cómo entraste? —Por el balcón. —dijo. Se acercó para darme el saludo de siempre, si supiera lo mucho que detesto su forma de saludarme. Se quedó pegado a mí, de manera lenta sus labios recorrieron mi nariz, esa caricia estremeció cada parte del cuerpo. Sonrió al alejarse, algo cambió en él, permaneció cerca. » No quier

