Al día siguiente seguí con temperaturas moderadas, por eso no asistí a la escuela. No deseaba ver a nadie. Pasé la mañana viendo películas románticas y comiendo, la abuela me consintió como nunca lo había hecho, aunque ella siempre se había portado muy especial. Debe ser por ser lo único que le queda. —Gracias. Sonrío, recibí otro beso en la frente antes de salir. Sharon fue quién llamó. —miré la hora, era la hora del almuerzo, al no verme se preocupó. —¿Yelena? ¿Dónde te metiste? La imaginé mirando por toda la cafetería con su particular gesto de no me digan nada. —Estoy enferma. —¿Qué tienes?, nunca te enfermas. ¿Comiste algo y te envió al baño? —sonreí—. Te visito mañana, papá tiene hoy quimioterapia así que… Ya sabes, debo quedarme a cuidar a mis hermanitos. —No te preocupes, e

