Me miró desde la cocina a través de la ventana divisoria del comedor. —Una suma considerable. Regresó la vista al sartén, preparaba el desayuno, olía a salchichas rancheras con huevo revuelto, me encantan. —¿Lo suficiente como para quedar reina de la fiesta? —dejó lo que hacía para mirarme sonriente con los ojos muy abiertos. —¡Eso es maravilloso! —llegué hasta donde ella, la abracé. —Sí, Larry y yo quedamos como los mejores en las tres categorías. Le conté esa parte de las nominaciones. Alguien brincará de alegría cuando le cuente, teléfono no podía. —Nos ganamos un viaje a Cancún. —Su cara cambió, ahora se puso seria. —¿Piensas ir? —afirmé. No lo he comentado con Larry, pero sería bueno hacer un viaje de esos, así ponemos a pensar más a Jerónimo. —Claro, es perfecto. Su mirada

