Narra Alexander Christine Wang estaba por volverme loco. No podía dejar de pensar en ella ni un solo momento del día, y odiaba sentir que con solo escuchar su voz por los pasillos del canal, o con verla un segundo, lograba encenderme completamente. ¿Qué me estaba haciendo esa chiquilla? ¡Mierda! Si es que desde aquel primer beso bajo la tormenta no había logrado estar con ninguna otra mujer, pues mi miemb.ro parecía solo funcionar solo cuando ella estaba cerca, lo que me estaba volviendo loco. —¡Jefe! —volteo a ver a Emily, aquella mujer que se había convertido en mucho más que mi asistente personal, pues sin ella, las cosas no funcionaban para mí. Le dedico una pequeña sonrisa y espero a que hable, pues parecía muy entusiasmada—. Dejaron esto para usted —dice al señalar algo a su

