Jing daba vueltas al contenido de su plato con el tenedor, ido en sus pensamientos. —¿Todo bien? —Su madre lo miró con preocupación y él asintió fingiendo una sonrisa. —Al parecer ni la hermosa compañía de anoche fue suficiente para bajarle a tu estrés. —Su padre sonrió con picardía causando una mueca de disgusto a su hijo menor. —¿Qué compañía? —Su madre preguntó amenazante, pues odiaba lo que su esposo hacía, en especial, cuando incitaba a sus hijos a hacerlo—. Jing, creí que habías dejado esas costumbres indecorosas —reclamó con tristeza en sus ojos. —Mujer, déjalo ser hombre —intervino su padre con esa cara de maniático que Jing no soportaba—. Pronto se casará y ya no lo necesitará. Mientras, deja que se divierta. —¡Ya se casará! —La reina negó con decepción y dolor—. ¡Como

