VII

615 Palabras
Yo tomé la pequeña lámpara de cerámica, Hailee tenía el tubo de la cortina de la ventana, Miriam poseía un gancho de aluminio en su mano y Ray una bandeja de madera de esas con las que puedes comer en la cama. Lo curioso era que todas poseíamos el mismo pijama de seda color beige y en la espalda de todas se leía: Dama de honor. Comenzamos nuestra caminata, los pasillos estaban levemente iluminados por algunas luces en puntos estratégicos. El silencio reinaba y ya me sentía en una mala película de terror. —Vamos a quedarnos juntas, nada de separarse — ordenó Miriam. — Estoy de acuerdo — dijo Ray. Fue entonces que llegamos al ala principal, había al menos cuatro cuartos allí. Una puerta se abrió de pronto y todas saltamos y gritamos un poco. —¿Chicas?, ¿qué hacen acá? — Preguntó Abbie. —¡Tenemos que llamar a la policía! — exclamó Ray de inmediato. —¿A la policía? — se extrañó —, ¿qué sucede chicas?, ¿por qué parece que van a la guerra? Nos observamos entre nosotras, yo sabía que en nuestros rostros se notaba el miedo que sentíamos porque fue entonces que sus hombros cayeron y su semblante se tornó más serio. —¿Dónde están las demás? — preguntó. —No sabemos — respondí —, pero Juliette... —Alguien está aquí, la han asesinado. Sus ojos se agrandaron, pude notar que todo su ser sé puso en alerta. —¡Deben salir de aquí! — exclamó saliendo por completo —, ¡todas deben salir ahora! —¿Y qué hay de las demás? — preguntó Hailee. Todas seguimos a Abbie. —¡Hay que llamar a la policía! — anunció Miriam. —¡No! — se giró de inmediato —, ¡nada de la policía!, ¡solo salgan de acá! Yo entendí que ella sabía a la perfección lo que estaba sucediendo, y Hailee pareció entender lo mismo que yo porque se detuvo frente a Abbie. —¿Qué es lo que está sucediendo acá? — preguntó de forma contundente. —Ustedes no necesitan entenderlo, no necesitan saberlo, solo deben salir de aquí — su voz fue demandante, cortante. Eso nos alertó a todas. —Necesitamos una respuesta, Juliette está muerta en la cocina, alguien la abrió como a un pavo, Barbie, Támara y Agnes no están en ningún lado, ¿qué sucede aquí?, ¿por qué no podemos llamar a la policía? Todas esperamos pacientemente una respuesta a lo que Hailee acababa de preguntar. Hubo un silencio muy largo para ser verdad. —Voy a sacarlas por la puerta de emergencia, no podemos ir por la trasera, mucho menos la delantera — la rodeó de inmediato —, solo síganme. —¿Mamá? La voz de Agnes nos detuvo a todas. —¡Hija!, ¡Voy hacia allá! — dijo de inmediato —, hay una puerta al final del pasillo, detrás del armario, salgan por allí — susurró. —Pero ¿qué...?  — intenté hablar. —¡Váyanse! —¿Mamá?, ¿con quién hablas? — se escuchó su voz un poco más cerca. —¡Con nadie!, ¡voy para allá! E inmediatamente desapareció en la esquina. Todas estábamos nerviosas, no entendíamos lo que estaba sucediendo del todo. —Debemos irnos — Me jaló Hailee. —Pero... — intenté detenerme. —¡Ahora! — Me volvió a jalar. Corrí inmediatamente detrás de ella, pero entonces, al llegar al final del pasillo, no nos encontramos con un armario, nos encontramos con dos pasillos. —¿A cuál pasillo de refería? — preguntó Miriam. —¡No lo sé! — exclamé —, no lo sé. —¡Pero acompáñame a la sala! — la voz de Abbie se escuchaba demasiado alta. —¡Voy a ir al cuarto! — ¡No!, ¿Por qué no me ayudas acá? — insistió Abbie y su voz se escuchaba más cerca. —Dijo que nos fuéramos de aquí, luego buscaremos explicaciones con la policía — dijo Hailee. —¡Ven acá, Agnes! —¿Me estás ocultando algo? — preguntó ella. Por alguna razón la cercanía de sus voces me aceleró muchísimo más el corazón. —¡Ustedes dos por allá, nosotras por acá! — dijo Hailee —, las primeras en salir llaman a la policía. Y sin esperar respuesta, Hailee me jaló con toda su fuerza.
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