3. —

2233 Palabras
Connor Lee Sinceramente no tenía idea de que estupideces estaba diciendo, debí percibir el cambio de humor de Isla. De qué sirve el maldito enlace si no puedo saber cuál es el límite que no debo de tentar para que se altere. Sí, me importa la tribu sobre muchas cosas son mi familia y ella ya es parte de esta. Lo peor de esto es que seguramente Pablo ya les comunico a todos lo que paso. Lastimar o simplemente atentar contra el jefe de la tribu debe pagarse con el exilio o con la muerte. Camino hacia el lugar donde todos los de la tribu se reúnen y como imaginé Isla sólo provoco que la acusen sin razón alguna. Puede que me haya golpeado un poco, pero fue en defensa propia. – ¡Sáquenla de la tribu! No la queremos aquí –gritan personas alrededor de Isla, mientras Ailey trata de resguardarla. –Intento asesinar a mi hermano, se merece la muerte –apoya Pablo con rencor. – ¡Muerte, muerte! –exclaman los presentes salvo Ailey. Isla por su cuenta intenta mantenerse serena, pero es difícil–. Es una asesina, mátenla.   – ¡Silencio! Todos cállense ya –ordeno caminando hacia el centro de la multitud. –Connor, el golpee debió afectarte. Me encargaré de esto y de ella –sugiere Pablo llegando a mí lado. –Nadie hará nada en contra de nadie. Yo provoque a Isla, ella solo se defendió –anuncio levantando la voz–. Espero que todos entiendan que ella no cometió ningún crimen, sigo con vida.  – ¿Qué haces? –pregunta Isla confundida–. Ellos tomaron una decisión y no me quieren aquí. Deja de insistir, me iré. Si voy con las personas que me buscan tal vez tu tribu se salve. –Isla, ya hable. Ve a tu cuarto –contesto con los dientes apretados. –Te dije que no puedes tenerme controlada, soy un ser humano, no un animal. ¿Queda claro? –inquiere molesta.  –Puedes decir lo que quieras después. Ahora déjame arreglar esta situación –ella intenta refutar, entonces hago lo único que se me ocurre –Ailey llévatela a su cuarto y que no salga –ordeno y ella obedece.   –Escucha Connor, eres el jefe y te respeto. Pero tú protegida es una amenaza latente para los nuestros –opina mí hermano. –Muchacho, oye a los tuyos. Recuerda siempre que un líder debe saber escuchar el criterio de los demás –comenta uno de los curanderos de mí tribu–. Ciertamente la joven parece necesitar un poco más de espacio y tranquilidad, estar encerrada aquí no la ayudará conocerse mejor.  –Sé que son los más sabios aquí, pero he tomado mi decisión y Isla se quedará. Aunque todos estén en su contra –manifiesto con autoridad. –Connor, estas cometiendo un grave error. Tú protegida quiere irse, debes tomar en cuenta es –dice Pablo con cansancio–. Ella, por lo visto sabe de lo que es capaz, no ves que de cierta manera no quiere hacerle mal a la tribu. –Acaso, tú no has pensado, Pablo, que nuestro jefe está montando una estrategia –interpreta Ponce, compañero de mí hermano–.Si los monstruos esos llegasen a atacarnos tenemos un as bajo la manga. La tenemos a ella –sonríe perversamente. – ¿Qué carajos están hablando? –cuestiono acercándome a él de manera amenazante–.Isla, es una más de todos ustedes, de todos nosotros. Continúen con sus actividades y estén alertas –puntualizo retirándome de allí. Aún recuerdo como encontré a Isla, puede que sí me haya encariñado con ella, pero aunque se muestre fuerte, no lo es su mente y corazón son demasiado frágiles. La conozco sé por lo que paso, lo que vivió y de lo que se culpa constantemente. El tercer día del ataque de los Renacidos, parte de mí gente salió a buscar a los desaparecidos, a las víctimas y a los fallecidos. Mi deber como su jefe fue ir con ellos, nos separamos en varios grupos, necesitaba encontrar a los miembros de la tribu, quería encontrar a mi familia. Junto con Pablo, entramos a un sitio que parecía un santuario pero muy diferente a los que solíamos visitar. Todo parecía tranquilo hasta que el lugar comenzó a caer en pedazo, la ceremonia para pasar a ser el jefe de la tribu estaba incompleta pero de todas formas pude sentir la energía latente de las personas encerradas en aquel lugar. Mi hermano me pedía a gritos que nos fuéramos, recordándome que la tribu era mi responsabilidad. Sin embargo mi instinto fue más fuerte, no recuerdo claramente como llegue hasta la piscina se podría decir donde había muchas personas. Parecía que todos dormían tranquilamente, cada uno de sus cuerpos estaban atados a un ataúd transparente, deje de un lado los gritos de Pablo y me centre en desatarlos quería sacarlos a todos pero estaba luchando contra el tiempo. Desaté a cinco personas y al hacerlo sus rostros recobraban su color normal, tres de ellas despertaron. Un señor mayor lamentablemente perdió la vida al ser sacado de ese ataúd, la otra era una muchacha, algo que me atrajo de ella era su cabello cuando estaba dentro del agua era n***o, después fue rojizo.  La chica más joven de ese pequeño grupo de cinco personas no despertó, pero sabía que estaba viva, así espere un poco dando tiempo también para que el resto de personas estuvieran completamente conscientes, sabía que era una misión s*****a esperar por aquella chica, así que le pedí a las personas que salieran y que se fueran con Pablo. Algo me decía que no podía dejarla allí, hice lo único que pude hacer: cargarla y llevarla al refugio de la tribu. De alguna manera tuve una conexión instantánea con Isla.  Cada día que pasaba y no despertaba, los sanadores, que habían sobrevivido al apocalíptico tiempo que estábamos viviendo, daban cada vez menos esperanzas. Al llegar el sexto meses, mi hermano y algunos hombres partieron por más suministros, dos semanas después de eso. Ella simplemente despertó. No conocía a nadie obviamente, pero desde ese momento fui su protector, la cuide y le brinde la seguridad y confianza que nadie más, salvo Ailey, le dio en la tribu. — Connor Lee –Oye, tú. ¿Volverás a la tierra o es muy largo tú viaje por la nubes? –pregunta Ailey burlándose. –Muy graciosa Ailey. Sólo estaba pensando –respondo poniendo los ojos en blanco. –Creo que últimamente lo haces mucho. ¿Es por Isla no? Por qué quiere irse. No es que quiera meterme en tus decisiones como el jefe –interroga de manera sigilosa–.Pero no creo que tus emociones y sentimientos sean buenos al momento de pensar en el bienestar de todos, incluida Isla.   –Ahora todos cuestionan mi manera de dirigirlos –reprocho algo molesto–.Y no tiene que ver para nada con... –ella me interrumpe. – ¿Con Isla? –asiento de mala gana–.No te engañes a ti mismo y no intentes engañarnos a los demás, Connor, tú te enamoraste.  –Cállate, Ailey –regaño frunciendo el ceño –De ninguna manera yo me enamoraría de ella. Sácate esa idea loca de la cabeza y ni siquiera pienses en decirlo a la tribu. –Entonces es cierto –afirma ella, negando con la cabeza –Mira, Connor, respeto a Isla, ciertamente ha sido una buena compañía, pero no sabemos que "poderes" tiene exactamente y que podría o no hacer. –No lo diré otra vez, no quiero que se lo digas a nadie en la tribu –amenazo. –Estas usando tu cargo para amedrentarme, por cosas como estas es que Isla quiere irse –murmura con pesar. –Que quiera no significa que puede –aseguro mostrando decisión. –Connor, deja de actuar así cuando se trata de Isla, que la hayas rescatado no te da ningún poder sobre ella –expone colocando las manos a cada lado de sus caderas. 'Connor...' –susurra su voz en mi cabeza. '¿Qué sucede?' –pregunto con cansancio. 'Me voy, sólo quería que supierás' –informa con ilusión. 'De ninguna forma. Espérame' –ordeno con molestia. 'Basta, Connor' –regaña enfadada. '¿Qué quieres decir? Isla –no recibo respuesta y eso me altera. – ¿Terminaron ya? –pregunta Ailey, cruzándose de brazos. –Va a irse, ahora. Tengo que impedirlo –comunico. –Déjala irse, Connor. Solo hazlo.   No presto atención a lo que dice, me encamino al cuarto de Isla. La tranquilidad se esparce por mi cuerpo al verla sentada en la cama con el mismo vestido de hace unos minutos. –Realmente funciona –ríe. ¿Se está burlando de mí? –Sí, sí muy buena tú estrategia. ¿Para qué me llamas? –cuestiono sentándome al frente de ella.  –Connor, seriamente me voy de tu tribu en unos días –informa teniendo cuidado de usar las palabras correctas. –Hablamos antes sobre tu partida y dije que no –recuerdo en tono firme. –Si tú dijiste que no, pero te recuerdo que esto solo lo puedo decidir yo –aclara manteniendo el tono de su voz. –Isla no me desafíes –advierto apretando los dientes –No puedes simplemente irte, le debes lealtad a esta tribu, su líder arriesgo su vida por salvarte. –Lo sé, pero si su líder iba estármelo restregando en la cara cuantas veces puede mejor me hubiera dejado en santuario de los sumergidos –dice apretando sus manos a sus costados. –No estoy restregándote nada en la cara Isla –suspiro frustrado –No, puedes entender que me preocupo y quiero tu bien. Como con cualquier otra persona. – ¡Si fuese así, me dejarías ir sin retenerme! –exclama alterada –Connor, eres el jefe de esta tribu, pero no el mío. No soy de aquí y mucha gente me quiere fuera.  –Mientras estés aquí me debes respeto y obediencia –me levanto de mi asiento y la tomo de los brazos. –Connor –por su tono sé que es una advertencia –Para, sí. Por primera vez permíteme opinar sobre algo. Tal vez no podías saber que yo quería quedarme en el santuario, pero si quise opinar sobre el bendito enlace, fuiste en quien confié y me obligaste, técnicamente, a crear la mitad de un lazo contigo y ahora me exiges que me quede. Ya permíteme respirar, por favor –susurra dejándose caer al suelo. –Necesitaba crear el enlace, así los demás sabrían que no eres peligrosa –me respaldo sentándome en el suelo frente a ella –Tú eres importante. ¿De acuerdo? No pienses en lo que otros dicen de ti. Enfócate en lo que pensamos los que te queremos.  –Nada de lo que digas Connor me hará cambiar de opinión. Si quiero irme, lo haré, me parecía correcto que tú estuvieras de acuerdo, pero no quieres cooperar. –Si te fueras, ¿A dónde irías? –cuestiono–.Entiéndelo, Isla, no tienes a donde ir. Ellos te encontrarían. –Que me vaya, te preocupa, por qué me pueden lastimar o por qué tú tribu se queda sin cebo – pregunta con curiosidad.  –No eres un cebo, Isla –murmuro con cansancio–. Deberías de saber eso ya. Tú me preocupas, ¿De acuerdo? –Connor, no soy estúpida y créeme que entendería si quisieras proteger a tu gente. –Que no eres un maldito cebo, escúchame bien –la tomo por las mejillas–.Te rescate de ese santuario porque no podía dejarte morir al igual que a las otras personas que saque de allí... Eres especial, eres diferente a todos nosotros pero eso no es malo, porque eres buena. – ¿Soy especial...? –cuestiona confundida, retirando mis manos de su rostro.  –Claro que sí, tienes habilidades que nosotros no y... –No, Connor. ¿Para quién soy especial? ¿Lo soy para ti? –parpadeo fuera de mí, un poco descolocado por su pregunta.  -¿Qué? –Sacudo la cabeza tratando de acomodar mis pensamientos –.Pues, por supuesto, perteneces a la tribu, claro que eres especial, un poco distinta, pero sí. –Creo que estas confundiéndote, Connor. ¿Soy especial para ti? Fuera de la tribu, ¿Qué soy para ti? La verdad –parece que estuviera rogándome. Sus ojos cambian de color. –Isla, ¿Qué dices...? ¿Te sientes bien? –indago dan unos cuantos pasos atrás. –Quieres dejar de simular que eres perfecto y que no sientes nada por mí, Connor ambos somos conscientes que paso algo desde que estuve en tus brazos cuando me rescataste y eso se fortaleció con el enlace –expone acortando su espacio con el mío –. Me amas y no quieres aceptarlo porque sabes que tu gente nunca lo hará conmigo... Y eso es cierto.  – ¿Desde cuándo lo sabes? –antes de que pudiese siquiera tocarla, desaparece frente a mí. Un sollozo se escucha detrás, por reflejo me volteo encontrándome con una imagen que no esperaba – ¿Isla? –quiero acercarme pero aunque lo intente mi cuerpo no reacciona – ¿Por qué lloras? ¿Usaste tus poderes? 
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