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1933 Palabras
Connor Lee Sinceramente no tenía idea de que estupideces estaba diciendo, debí percibir el cambio de humor de Isla. De qué sirve el maldito enlace si no puedo saber cuál es el límite que no debo de tentar para que se altere. Sí, me importa la tribu sobre muchas cosas son mi familia y ella ya es parte de esta. Lo peor de esto es que seguramente Pablo ya les comunico a todos lo que paso. Lastimar o simplemente atentar contra el jefe de la tribu debe pagarse con el exilio o con la muerte. Camino hacia el lugar donde todos los de la tribu se reúnen y como imaginé Isla sólo provoco que la acusen sin razón alguna. Puede que me haya golpeado un poco, pero fue en defensa propia. – ¡Sáquenla de la tribu! No la queremos aquí –gritan personas alrededor de Isla, mientras Ailey trata de resguardarla. –Intento asesinar a mi hermano, se merece la muerte –apoya Pablo con rencor. – ¡Muerte, muerte! –exclaman los presentes salvo Ailey. Isla por su cuenta intenta mantenerse serena, pero es difícil–. Es una asesina, mátenla.   – ¡Silencio! Todos cállense ya –ordeno caminando hacia el centro de la multitud. –Connor, el golpee debió afectarte. Me encargaré de esto y de ella –sugiere Pablo llegando a mí lado. –Nadie hará nada en contra de nadie. Yo provoque a Isla, ella solo se defendió –anuncio levantando la voz–. Espero que todos entiendan que ella no cometió ningún crimen, sigo con vida.  – ¿Qué haces? –pregunta Isla confundida–. Ellos tomaron una decisión y no me quieren aquí. Deja de insistir, me iré. Si voy con las personas que me buscan tal vez tu tribu se salve. –Isla, ya hable. Ve a tu cuarto –contesto con los dientes apretados. –Te dije que no puedes tenerme controlada, soy un ser humano, no un animal. ¿Queda claro? –inquiere molesta.  –Puedes decir lo que quieras después. Ahora déjame arreglar esta situación –ella intenta refutar, entonces hago lo único que se me ocurre –Ailey llévatela a su cuarto y que no salga –ordeno y ella obedece.   –Escucha Connor, eres el jefe y te respeto. Pero tú protegida es una amenaza latente para los nuestros –opina mí hermano. –Muchacho, oye a los tuyos. Recuerda siempre que un líder debe saber escuchar el criterio de los demás –comenta uno de los curanderos de mí tribu–. Ciertamente la joven parece necesitar un poco más de espacio y tranquilidad, estar encerrada aquí no la ayudará conocerse mejor.  –Sé que son los más sabios aquí, pero he tomado mi decisión y Isla se quedará. Aunque todos estén en su contra –manifiesto con autoridad. –Connor, estas cometiendo un grave error. Tú protegida quiere irse, debes tomar en cuenta es –dice Pablo con cansancio–. Ella, por lo visto sabe de lo que es capaz, no ves que de cierta manera no quiere hacerle mal a la tribu. –Acaso, tú no has pensado, Pablo, que nuestro jefe está montando una estrategia –interpreta Ponce, compañero de mí hermano–.Si los monstruos esos llegasen a atacarnos tenemos un as bajo la manga. La tenemos a ella –sonríe perversamente. – ¿Qué carajos están hablando? –cuestiono acercándome a él de manera amenazante–.Isla, es una más de todos ustedes, de todos nosotros. Continúen con sus actividades y estén alertas –puntualizo retirándome de allí. Aún recuerdo como encontré a Isla, puede que sí me haya encariñado con ella, pero aunque se muestre fuerte, no lo es su mente y corazón son demasiado frágiles. La conozco sé por lo que paso, lo que vivió y de lo que se culpa constantemente. El tercer día del ataque de los Renacidos, parte de mí gente salió a buscar a los desaparecidos, a las víctimas y a los fallecidos. Mi deber como su jefe fue ir con ellos, nos separamos en varios grupos, necesitaba encontrar a los miembros de la tribu, quería encontrar a mi familia. Junto con Pablo, entramos a un sitio que parecía un santuario pero muy diferente a los que solíamos visitar. Todo parecía tranquilo hasta que el lugar comenzó a caer en pedazo, la ceremonia para pasar a ser el jefe de la tribu estaba incompleta pero de todas formas pude sentir la energía latente de las personas encerradas en aquel lugar. Mi hermano me pedía a gritos que nos fuéramos, recordándome que la tribu era mi responsabilidad. Sin embargo mi instinto fue más fuerte, no recuerdo claramente como llegue hasta la piscina se podría decir donde había muchas personas. Parecía que todos dormían tranquilamente, cada uno de sus cuerpos estaban atados a un ataúd transparente, deje de un lado los gritos de Pablo y me centre en desatarlos quería sacarlos a todos pero estaba luchando contra el tiempo. Desaté a cinco personas y al hacerlo sus rostros recobraban su color normal, tres de ellas despertaron. Un señor mayor lamentablemente perdió la vida al ser sacado de ese ataúd, la otra era una muchacha, algo que me atrajo de ella era su cabello cuando estaba dentro del agua era n***o, después fue rojizo.  La chica más joven de ese pequeño grupo de cinco personas no despertó, pero sabía que estaba viva, así espere un poco dando tiempo también para que el resto de personas estuvieran completamente conscientes, sabía que era una misión s*****a esperar por aquella chica, así que le pedí a las personas que salieran y que se fueran con Pablo. Algo me decía que no podía dejarla allí, hice lo único que pude hacer: cargarla y llevarla al refugio de la tribu. De alguna manera tuve una conexión instantánea con Isla.  Cada día que pasaba y no despertaba, los sanadores, que habían sobrevivido al apocalíptico tiempo que estábamos viviendo, daban cada vez menos esperanzas. Al llegar el sexto meses, mi hermano y algunos hombres partieron por más suministros, dos semanas después de eso. Ella simplemente despertó. No conocía a nadie obviamente, pero desde ese momento fui su protector, la cuide y le brinde la seguridad y confianza que nadie más, salvo Ailey, le dio en la tribu. — Isla Giesler Debí irme de aquí antes de que algo como esto pasase. Ni él, ni su gente se merecen nada de lo inevitablemente haré, aunque quisiera que fuera posible detenerme no lo es. Soy distinta a ellos, mayor a cualquier poder que antes experimentaron y por eso me quieren, sólo yo puedo hacer que se detengan. Si me negará a servirles y me encontrarán la tribu moriría, incluido él. –Tú... ¿Has enloquecido? No tengo ni siquiera que importarte –expreso, viéndolo horrorizada–. Por favor, retira lo que sientes... –No, ahora que lo sabes me siento liberado –sonríe–. Sientes lo mismo por qué nunca lo dijiste. ¿Por qué insistes en irte?  –Entiéndelo, Connor. Soy un peligro andante para el mundo, eso no me importaba pero ahora, estás tú y me niego a dañarte... -explico pasando por su lado, tomo lo poco que tengo aquí. – ¿Qué haces? Moriré si te vas, ¿Lo sabes? –No, lo harás, no eres un maldito alpha. Por el contrario si me quedo si morirás –aclaro frunciendo el ceño cuando siento unas manos aferrarse a mí cintura con algo de fuerza. –Te quedarás aquí. ¿Me oyes? –cuestiona en tono mandón. –Lograste moverte... - digo confundida –. Cómo fue eso posible. –Nuestro enlace, me permite ser inmune a ciertas cosas, sólo si mi cuerpo lo resiste – expone de lo más tranquilo. –Connor, suelta –ordeno, él hace de oídos sordos y coloca su barbilla en el espacio entre mi cuello y hombro –No vuelvas esto... – ¿Qué no vuelva esto qué? –pregunta interrumpiéndome –No es un pecado que ambos queramos estar con el otro. –Claro que lo es, no eres un simple humano sin ninguna razón para vivir, eres un jefe algunas personas depende de ti y de tus decisiones. No puedes... No quiero que te arriesgues por mí, no vale la... – ¿Quieres callarte...? –indaga y lo próximo que siento son sus labios moviéndose contra los míos. Como un rayo a mi mente llegan los recuerdos de la única persona que me permití amar y que decidió dar su vida por mí... Desde me prometí no volver a atrever a enamorarme ni a condenar a otra persona tan buena como lo era él.  –Por favor –pongo mis manos en su pecho lo separo de mí–.  Detente, detente –pido empujándolo levemente. –Isla... –en su tono de voz hay de desilusión y preocupación. –Nada de eso, Connor. Esta conversación nunca pasó, ¿Muy bien? –niego con la cabeza, en desacuerdo.  –Estas analizando lo que dices. Si te desestabilizas puedes salir herida –dice buscando mi mirada con la suya. – ¿Por qué lo haría? –él me observa confundido–. Lo único que une es el enlace, no te confundas Connor, yo no te... –Cállate, por favor –pide desviando su vista de mí. –Lo ves, te lastimo. Es la verdad Connor no te amo, entiéndelo. Yo no tengo permitido amar, no alguien que ha hecho las atrocidades que yo he cometido.  –Permíteme poner en duda lo que dices y recordarte que nada de lo que pasa ahora mismo en el mundo es tú culpa –junta su frente con la mía. –Connor, por el amor de Dios, deja de querer encarcelarte a alguien que no tiene ningún futuro y termina con eso que sientes o lo haré yo –amenazo con firmeza. –No sabes de lo que hablas. Desatarás algo sobre lo que tú no tienes control y ya ni hablamos de que no tienes control ni siquiera sobre ti –sisea.  – ¡Oh! pero claro que lo sé, Connor, no soy tan inútil como me crees –expreso severamente–. Fui capaz de ayudarles a crear el caos que no rodea, entonces tengo que ser capaz de romper un enlace. –Isla Giesler –acaricia mi mejilla con sus nudillos–. Estas volviéndome loco. ¿Cuál es la necesidad de romper nuestro vínculo? – ¿Debería enumerar cada una, jefe? –indago comenzando a irritarme por la situación. – ¿Ahora vas a llamarme así? –asiento–. Cómo te hago comprender que no eres culpable de nada, Isla –suspira, tirando de su cabello. –Claro que sí, en la tribu donde nací se creía que los niños que eran portadores de habilidades "especiales" debían ser venerados de alguna manera, pero... – ¿A dónde pretendes llegar? –pregunta. –A lo único que he tratado de hacer todo este tiempo. Como decía yo fui la excepción, no me gustaba interactuar con los demás. Creía fielmente que a quien me acercará lo condenaba a un mal desenlace... Lo cual resultaba ser peor que cierto, nací con lo que todos llamaban bendición sin embargo que es todo menos eso –respiro –. Yo soy la única culpable del apocalipsis, debo entregarme a las personas que me buscan, lo más probable es que me maten –me encojo de hombros –. Sinceramente mientras mi muerte remedie lo que provoque estaré bien. 
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