Connor Lee
Un mes después del ritual con Isla, ella no parece ser la misma. Aunque ha aprendido a controlarse aún le queda mucho por entender. El ritual de enlace no fue para nada fácil para ella, lo pude sentir. Ambos estábamos incómodos, para mí fue como volver a vivir esa experiencia hace a varios años que no se desconfiaba de alguien en la tribu así que no era necesario el enlace.
Durante la ceremonia pude conocer un poco más del pasado de Isla, vi su nacimiento y la leyenda que dio vida cuando ella nació, las primeras veces que sus "poderes" se manifestaron, viví en carne propia sus intensas pesadillas y los pocos buenos sueños que tenía.
Sé muy bien que la conexión conmigo a ella le molesta, puede que se quede calla pero es obvio que nunca ha estado atada a alguien de esa manera y odia que yo pueda presentarme en su cabeza cuando quiera.
– ¡Llegaron! –exclama alguien a mis espaldas.
–Connor –nombra Pablo, mi hermano y uno de los que se les permite ir por más implementos.
–Hermano. ¿Cómo les fue? –pregunto recibiéndolo–. Algo nuevo que informar.
–Todo sigue igual o peor –se acerca más a mí–. Perdimos a dos Connor, solo recuperamos una de los cuerpos.
–Me temía eso, estoy cansado de organizar velatorios –me quejo recostándome contra la pared.
'Bueno... Si me dejarás ir, pronto dejarían de haber muertes' – sugiere Isla o puede ser solo su pensamiento.
'Es una propuesta, no un pensamiento. Tengo que irme a si estoy acabará y todos ustedes estarán fuera de peligro' – demanda con más fuerza.
'Hablaremos luego' – le digo, volviendo a concentrar en mi hermano.
– ¿Te pasa algo? –pregunta alzando una ceja–. Te ves diferente.
–No, sólo me preparo para decirles a los familiares de los que murieron –miento para tranquilizarlo–. Allá afuera. ¿El líder de todo esto al fin dio la cara?
–Connor, con todo el respeto que te tengo. ¿Crees que el infeliz es estúpido? –cuestiona apretando los puños alrededor de una funda.
–Claro que no, pero entonces, ¿Quiénes retuvieron y mataron a los nuestros? –lo miro confundido y él se encoge de hombros.
–Quisiera poder responder eso, pero lamentablemente seguimos igual de ignorantes con respecto a sus razones para hacer esto –se disculpa–. Por otro lado, ¿La chica esa que encontramos ya hablo?
–Su nombre es Isla –digo entre dientes–. Hubo ciertos problemas al principio. De alguna manera ella ayudo a empezar el caos en el mundo. Aún estamos vigilándola
– ¿Disculpa? Ella es parte de esos mal nacidos. ¿Sigue aquí? –asiento, haciendo que él comience a desesperarse – ¡Debes sacarla de nuestro refugio ahora!
–De ninguna manera –sentencio con seriedad –Tranquilízate, ella está bien custodiada. Incluso me enlace con ella... Nos ha dicho toda la verdad.
– ¿Enlazarte con una delincuente? Dime al menos que está encerrada –sacudo la cabeza negando –Estas loco acaso. Quiero verla.
–Pablo, estas alterado ahora y ella no sabe controlarse –anuncio tocando su hombro.
–Me vale un carajo –gruñe molesto –Dime donde está ahora mismo.
–En su cuarto, al lado del mío, pero... –no lo logro concluir cuando lo veo dirigirse allí.
Lo sigo hasta el cuarto de Isla, pensando que pasará lo peor, pero no mi hermano ni siquiera ha podido ingresar.
–Cálmate, hablarás con ella, pero no ahora. La asustarás –accede y desaparece de mi campo de visión–. Ya puedes abrir ya se fue.
–Eso estuvo cerca, ¿Tú hermano me odia? –interroga con curiosidad.
–Yo no utilizaría el termino odiar. Lo que los monstruos le hicieron al resto de la tribu y a su familia le afecto.
—
Isla Giesler
Tal vez, solo tal vez no debí escuchar la conversación entre Connor y Pablo. Dos razones, la primera, el hermano de Connor parece odiarme y querer eliminarme a toda costa y la segunda es que nunca, jamás Connor me menciono que me tenía custodiada. No soy un perro para que me vigilen.
–Yo no utilizaría el termino odiar. Lo que los monstruos le hicieron al resto de la tribu y a su familia le afecto –frunzo el ceño.
– ¿Monstruos? ¿A qué te refieres? –pregunto ofendida y en cierto punto, ¿Dolida?
–A esas personas si es que así se les puede decir, aquellas que han acabado con vidas sin importarles nada –dice seguro, en sus ojos puedo ver odio–. Ellos, esos asesinos. No hay nada que pueda excusarlos.
–Fuera –pido al límite de mi paciencia–. ¡Connor, sal ya de mi cuarto!
–Isla, céntrate en mi voz, escúchame –comenta tratando de tranquilizarme.
–Tu voz es lo que menos me sirve ahora, sólo lárgate –le ruego con miedo, miedo de mí.
–No puedes darme ordenes Isla, respira –aconseja con preocupación, haciendo muecas–. Puedo sentir lo mismo que tú, ¿Recuerdas? Si te desestabilizas tú, también me pasa a mí.
–Connor, vete. Siento que me ahogo contigo dentro de este cuarto –requiero alterada, soy consciente de como todo el poder que tengo por dentro y que he estado guardando toma el control de mí cuerpo poco a poco–. Sal, por favor
No puedo controlar mis movimientos, mis manos se mueven señalando a Connor, él no tiene tiempo de reaccionar, puedo ver claramente cómo impacta justo en su pecho toda la fuerza de mi poder. El cuerpo de Connor yace inconsciente, yo por mi cuenta me arrastro hasta el otro costado del cuarto, mis manos tiemblan.
–Connor, hermano –Pablo, entra en el cuarto y al verme en ese estado, observa la dirección en la que mi mirada esta fija–. ¡Demonios! Por Dios, ¿Qué le hiciste? –simplemente en su mirada se lee perfectamente que no preguntará cómo paso, sólo va culparme.
–Escúchame... –murmuro levantándome.
–Lo has lastimado, él puso toda su confianza en ti –solo puedo sentirme pequeña, ante su mirada de asco.
Dirijo mi vista a Connor, está despertando. Trato de acercarme pero Pablo coloca su mano alrededor de mi cuello, lo aprieta con fuerza y luego me suelta bruscamente.
– ¡Connor! –exclamo preocupada–. Perdón, no quise... –Pablo me interrumpe.
–No te acerques a él. Eres...
–Ni se te ocurra Pablo –le contradice la voz de Connor.
–Estas bien –afirmo, pero aun así me acerco y coloco su cabeza en mis piernas–. Lo siento tanto, pero tú...
–Sal Pablo, ni una sola palabra de lo que aquí pasó. Por tú bien no intentes desafiarme –amenaza con severidad.
–Pablo, dile a todos lo que le hice a su jefe. Así todos estarán de acuerdo con que me vaya –él aludido asiente y nos deja solos–. ¿Seguro qué estás bien?
–Yo sí, pero creo que tú te diste un golpe en la cabeza –enuncia–. ¿Irte? No hablas enserio.
–Sí que lo hago Connor –le ayudo a ponerse de pie me alejo de él–. Tú mismo lo dijiste somos monstruos, además tienes muchas razones para sacarme de tu tribu,hoy te he lastimado.
–Por eso creías que me fuera, tú descontrol fue mi culpa –dice entre risas–. Isla, mírame tu misma,estoy bien, un tanto mareado pero bien.
–No, está a discusión quiero irme y lo haré –comunico con voz firme.
–Isla, no eres un monstruo, ¿De acuerdo? –se corrige en un vago intento de disculpa.
–Lo dejaste todo muy claro Connor, creí que tú nunca lo dirías –expreso seria saliendo de allí.