El restaurante que había reservado para cenar con Melisa estaba en el último piso de uno de los edificios más altos de la ciudad. Casualidad o no, el edificio pertenecía a uno de los hoteles que más le gustaba visitar cuando quería alejarse de la rutina con alguna de sus amantes. En su mente, si lo hacía esa noche, la llevaría a una de las suites que más le gustaban, y allí, consolidaría de una vez por todas el deseo loco e incontrolable que sentía por ella. Pero sabía que, para cumplir su deseo, tendría que ser comprensivo, evitando palabras malinterpretadas. Su plan tenía que funcionar, ya no podía dormir con esa mujer invadiendo sus pensamientos cada noche. Mientras Alex tramaba el mal en su mente, Melisa observaba el lugar donde estaba. Nunca en su vida hubiera pensado que estaría en

