Mi corazón latía desesperado dentro de mi pecho, pero esperaba expectante lo que fuera que tuviera que decir Sassil, la seguí con la mirada, de un momento a otro levantó mi camiseta, dejando mi tren superior despejado, sus manos rozaron mi piel con delicadeza, me examinaba cada centímetro de piel. —Necesito saber que estas bien, que las heridas de tu espalda y tu cabeza están bien —recitó para mí, mientras sus dedos coqueteaban con mi piel, enviando corrientes eléctricas hasta mi cerebro, mismas que me hacían cerrar los ojos en un intento desesperado por no tomarla entre mis brazos. La confianza regresó a mí en cuanto le escuché decir aquello, pero ahora debía esperar paciente a que ella se asegurará que esto no era peligroso para mí, se agachó un poco para ver mi espalda baja y sus man

