Sentí mucho coraje dentro, pero atiné a fingir una sonrisa en dirección a ambos doctores delante de mí. Estaba seguro que esto, la pelirroja, me lo cobraría caro, podía sentirlo y verlo. —Será mejor que los deje, seguramente tendrán mucho de qué platicar, Doctores, nos vemos más tarde —ofrecí antes de que el Doctor de lentes se fuera y me dejará solo con ella. —Antes de que te vayas. Pasa por mi oficina más tarde para darte tu nuevo horario y asignación —añadió como si aquello fuera una increíble noticia y por supuesto que lo hubiera sido en otras circunstancias, pero en ese momento, solo podía sentir el estómago revuelto. Me dispuse a realizar mis guardias, atender a mis pacientes, hacer mi carga administrativa y realizar todas aquellas cosas que hacía de manera rutinaria, queriendo

