—¡Chelsey! ¡Chelsey! —Lion bajaba desesperado por las escaleras con su laptop siendo agitada por los aires. —Tranquilo. ¿Qué pasó? ¿Es algo grave? —Kianga la cual descansaba en mis pies, se había sobresaltado bastante al escuchar gritar a su amo. Cerré el libro que tenía y lo escuché con atención. —¡La tengo! ¡¡La conseguí Chels, y es tuya!! —cuando ya estuvo frente a mí, descansó su cuerpo en el lomo de la leona la cual soltó un fuerte rugido. Un día de estos, este hombre quedará sin cabeza... —Veamos de qué hablas —me mostró lo que había en la pantalla pero sinceramente no entendí nada—. ¿Qué? —¡Lee Chels! ¡Es la herencia! La herencia de ese hombre sí existe y está a tu nombre tal como yo lo dije hace mucho tiempo. La conseguí, es tuya y debes cobrarla. —Mm sí, bueno podríamos donar
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