Soledad.
Me encontraba con el capitán a cargo de la misión, con mi superior. El Capitán Elijan Smith era un hombre serio y estratégico quién estaba dirigiendo nuestro equipo. Sin embargo, él era un valioso amigo. Su familia había sido asesinada hace años por una deuda con la mafia y él prácticamente creció con mi familia. En la milicia los soldados solían realizarse acuerdos: Si uno moría, sus compañeros veían por la familia del fallecido.
Durante años había estado enamorado de mi hermana menor; sin embargo, ella nunca le había prestado atención porque deseaba casarse con alguien adinerado y en verdad, Elijan no era adinerado.
Era evidente que Elijan estaba inquieto mientras estaba en el avión rumbo a Italia. Habían pasado varias horas desde que no sabía absolutamente nada de uno de los agentes encubiertos y temiamos por su seguridad.
— Tranquilo, yo te aseguro que el agente estará muy bien.— Afirmé.
— No quiero perder a ninguno de mis hombres.— Afirma Elijan— Aunque no deberías estar aquí. ¿Que cree el coronel que estás haciendo?
Reí fuerte — Él piensa que estoy siendo mesera encubierta. No comprendo porque no reconoce que soy una de sus mejores elementos y me ha prohibido alejarme de Italia.
Las horas parecían arrastrarse mientras el avión avanzaba hacia Italia. La ansiedad y la preocupación se reflejaban en los rostros de los hombres, ellos eran bastante novatos y le temian a los italianos. Cada minuto sin noticias del agente pesaba sobre ellos como una losa.
Finalmente, el avión aterrizó en suelo italiano. Descendimos con pasos apresurados por el pasillo de la aeronave y nos dirigimos a la terminal. La brisa cálida del país europeo nos recibió mientras avanzabamos por el aeropuerto.
Una vez fuera del edificio principal, subimos a un vehículo que nos esperaba. El conductor, un italiano de semblante serio, nos dio la bienvenida con un gesto de cabeza y arrancó el motor. El paisaje italiano se desplegaba ante nosotros, con sus pintorescas calles y edificios llenos de historia.
El trayecto en el vehículo nos llevó por las encantadoras calles de la ciudad, con vistas a monumentos antiguos y gente paseando por las plazas. Finalmente, el conductor nos dejó en el hotel que habíamos reservado. El edificio se alzaba majestuosamente, con una arquitectura impresionante que nos recordaba la rica historia de Italia.
La entrada al hotel fue recibida con una cálida bienvenida por parte del personal, quienes nos acompañaron a nuestras habitaciones. En este momento, todo lo que podíamos hacer era descansar brevemente antes de emprender la búsqueda del agente. El tiempo corría en nuestra contra, y Estamos decididos a encontrarlo lo antes posible en esta tierra extranjera llena de incertidumbre.
— Bien, Elijan, tengo un plan — Le anuncié cuando estuvimos a solas — El agente no está muerto, eso puedo asegurartelo. Entonces tenemos horas para rescatarlo antes de que esos infelices lo asesinen. Si conozco el trabajo de los Rinaldi, más precisamente de Lucian Rinaldi y vaya que lo conozco, ahora le están sacando información.
—¿Que propones?— Pregunta él.
— La última ubicación del GPS indica que Mike se encontraba en uno de los bares más famosos de Italia.— Expliqué — Dueño de uno de los amigos de Lucian Rinaldi
Yo entraré y seré una distracción mientras tú debes organizar una brigada. Cuando yo se los indiqué deben entrar.
— Jamás me imaginé que fuera tan intensa tu obsesión por los Rinaldi.
—Ellos mataron a mi padre — Le recordé
— Soledad, es demasiado arriesgado, allá adentro no podré protegerte. No cuento con demasiados elementos. Te recuerdo que yo soy el capitán y tú la Teniente, soy tu superior.— Espetó
—¿Elijan si tuvieras la oportunidad de enfrentarte a los malditos que mataron a tus padres que harías?
Esa noche, decidí seguir mi instinto y tomar las riendas de la situación como siempre lo había hecho. Me dirigí con determinación hacia el bar, dejando que la emoción recorriera cada fibra de mi ser. Al entrar, me encontré con un ambiente envolvente, con música vibrante y luces titilantes. Las bailarinas, elegantemente ataviadas con antifaces, danzaban con gracia y misterio, creando un aura de seducción en el aire.
Decidí sumergirme en la atmósfera del lugar, mezclándome con las bailarinas y adoptando su estilo sin esfuerzo. Dejé que mi cabello cayera libremente sobre mis hombros, dándome un aire de misterio y encanto. Con manos expertas, apliqué mi maquillaje con precisión, realzando mis rasgos y añadiendo un toque de sensualidad a mi mirada.
Luego, con determinación, elegí un vestido rojo que se adhería a mi figura como una segunda piel, evocando la elegancia y la pasión de las mujeres que habían habitado ese lugar. El vestido, con sus encajes delicados y su diseño provocativo, emanaba un aura de poder y seducción que me embriagaba.
Así vestida, lista para cualquier desafío que la noche me presentara, me adentré en el corazón del bar, lista para conquistar el mundo con mi determinación y mi encanto irresistible.
— No recuerdo haberte visto antes por aquí.— Me pregunta uno de los guardias.
— Mi nombre es Abril Duarte. Me enviaron para el señor Lucian Rinaldi como un regalo.
—No me informaron.
El ambiente del bar se detuvo por un instante cuando el dueño del lugar se acercó a mí, su presencia imponente inundando el espacio a su alrededor. Sentí su mano tomando la mía con firmeza, y sin necesidad de palabras, su mirada indicó al guardia que me permitiera pasar.
No perdí ni un instante y me deslicé entre las jóvenes que animaban la pista de baile, dejando que la música me envolviera y me guiara con su ritmo seductor. Con cada movimiento, emanaba una sensualidad irresistible, atrayendo las miradas de aquellos que me rodeaban.
Subí al escenario con determinación, dispuesta a aprovechar cada momento para cumplir con mi misión. Bailé con una elegancia cautivadora, moviéndome con destreza y gracia mientras estudiaba a aquellos que compartían el mismo espacio que yo. Observaba sus gestos, sus conversaciones, buscando cualquier indicio que pudiera ayudarme a cumplir con mi objetivo.
Horas pasaron mientras yo seguía danzando, pero mi mente estaba enfocada en otra cosa. Estaba ansiosa por descubrir quiénes eran aquellos que se encontraban en el bar, ansiosa por informar a mis hombres sobre cuándo sería el momento adecuado para actuar. Necesitaba encontrar al miserable de Lucian para distraerlo y que mis hombres encontrarán a Mike.
Con la música retumbando en mis oídos y el pulso acelerado por la anticipación, me permití un breve instante para girarme y escrutar el ambiente. Fue entonces cuando los vi: dos hombres italianos avanzaban con paso seguro hacia el corazón del bar. Uno de ellos era inconfundible, con su mirada penetrante y el cabello n***o como la noche. Era Lucian Rinaldi, cuya presencia imponía respeto y temor.
Sin embargo, mi atención se desvió hacia el hombre que estaba a su lado. Su rostro permanecía oculto entre las sombras, su figura envuelta en un misterio intrigante. No pude discernir sus rasgos, pero algo en su postura y en el aura que lo rodeaba despertó mi curiosidad.Ellos estaban charlando con el sueño del bar.
Me acerqué con cautela a Lucian Rinaldi y su misterioso acompañante, escoltada por dos jóvenes bailarinas. A medida que nos acercábamos, pude distinguir con mayor claridad al hombre de cabello oscuro y ojos grises que estaba a su lado. Mi corazón dio un vuelco al reconocerlo.
Su presencia irradiaba un magnetismo intrigante, y su mirada penetrante parecía escudriñar el ambiente con una intensidad cautivadora. Cada detalle de su apariencia, desde la forma en que llevaba el cabello hasta el brillo en sus ojos, exudaba un aura de autoridad y misterio.
Con cada paso que dábamos más cerca, mi corazón latía con fuerza, alimentado por la emoción y la anticipación de lo que estaba por venir. Estaba decidida a descubrir quién era este enigmático hombre y cuál era su relación con Lucian Rinaldi.
— Espero que las acompañantes puedan atenderlos a la altura de sus expectativas— Expresa él dueño del bar.
— No te preocupes, Darko. Confío en que has seleccionado lo mejor para nosotros. ¿Qué hay de este regalo que mencionas?— Inquiere Lucian
— Este es el regalo que te enviaron, Lucian.— señala hacia mí
— Espero que estés lista para satisfacerme, pequeña zorra. Si no, no dudes que habrá consecuencias.
Sentí la furia arder en sus ojos mientras se levantaba de su asiento y avanzaba hacia mí con pasos amenazantes. Sin previo aviso, me empujó con fuerza contra la mesa, haciendo que el dolor se propagara por todo mi cuerpo. Sus manos, ásperas y crueles, se cerraron alrededor de mi cuello, amenazando con sofocarme en un instante.
El pánico se apoderó de mí, pero mi instinto de supervivencia fue más fuerte. Sin pensarlo dos veces, levanté la mano y le lancé una bofetada, el sonido de la carne golpeando resonó en el aire tenso. Pero mi acto de valentía solo pareció avivar aún más su ira.
En un abrir y cerrar de ojos, me encontré arrojada al suelo, la fuerza del impacto robándome el aliento. Estaba indefensa, a merced de ese miserable, pero en ese momento su primo intervino.