Se tuvieron que despedir de las olas y de la arena y se llevaron un poco en una bolsa para que Nate la viera y el viaje se le hizo más largo que de venida, pero en cuánto llegó al hospital llenas de arena y con una niña dormida en brazos se dio cuenta de la locura y estupidez que estaba cometiendo, entonces, sin importar ambas cosas, fue directo a la habitación de su novio y le encontró en la cama besando a Teodora. —¿Entonces para esto llamabas? —Ana… no —dijo y se dio media vuelta para salir del lugar corriendo. Le escuchó decir su nombre varias veces. —No puedo correr. Creo que me caeré. —Se volteó y le vio con el bastón en la mano—. Era un beso de despedida solo para que supiese lo mal que besa. Ana, Teodora ha estado aquí. —Teodora está casada contigo e intentó matarte por lo

