RIXON Julie, agotada de toda la situación, se queda dormida sobre mis piernas mientras que por mi parte tengo que tragarme las miradas despectivas de su tía que no ha dejado de vernos a ambos como si fuésemos de verdad, los culpables de las locuras que comete su hija. No nos han dado ninguna clase de anuncio sobre la salud de Olive, todos estamos esperando y mi cuñada, Julia, camina de un lado al otro mientras bebe de su café. Por parte, tengo la necesidad de ir a casa a sacarme esta sangre de encima pero no quiero despertar a mi esposa. Está demasiado dormida, me he dado cuenta que las emociones fuertes le restan energía y por eso no me interpuse a que durmiera a pesar de que apenas son las once de la mañana. Todo lo que ha pasado desde que llegamos me ha tenido tan ensimismado en

