—Quiero ver al hombre que llaman la Serpiente —declaró Savannah al notar cómo la doncella se ponía pálida. —Mi reina... —tartamudeó la mujer frente a ella—. No estoy segura de que se le permita verlo. Eso era exactamente lo que esperaba. No podía haber sido fácil. Nada en su vida lo era, a pesar de ser una princesa. No era justo, pero a estas alturas ya estaba acostumbrada. Además, sabía cómo superar obstáculos como este. —Acabas de llamarme tu reina —señaló Savvy—. ¿No lo soy, entonces? —L-lo eres. —La chica estaba visiblemente incómoda, jugueteando con el dobladillo de su suéter de lana. —Entonces, ¿cuál es el problema? —Savannah eligió hacerse la ignorante. Era más seguro si todos la consideraban más simple de lo que realmente era. —El Rey... —La doncella no se atrevía a mirarla a

