Solo lo había hecho una vez en el pasado, pero el Dios Lobo lo recordaba como si fuera ayer. La última vez, sin embargo, había experimentado emociones completamente diferentes. En aquel entonces, todavía tenía esperanza y pensaba que estaba luchando por un futuro mejor. Además, Fenrir creía que él era quien lo estaba construyendo. La vida de sus sueños estaba a solo un paso, y su felicidad estaba tan cerca que casi podía tocarla. Todo era diferente ahora. No era su guerra, y su especie había vivido tanto tiempo sin su presencia que parecía que ya no tenía un lugar aquí. Fenrir no veía sentido en esta guerra ni en ninguna otra, para el caso. Ninguna guerra en los siglos que había existido hizo feliz a nadie. Lo sabía mejor que nadie. Había ganado tantas de esas en el pasado, pero seguía ta

