Capítulo 1: ¡Taxi!

1303 Palabras
Capítulo 1: ¡Taxi! 【Zion】 Me despierto con el dolor de cabeza por la resaca, ayer digamos que, bebí algunos tragos por no decir muchos, me siento en la cama y pongo mis manos en mi cabeza. Decido abrir de unos de los cajones de mi mesita de noche y tomar una pastilla para el dolor de cabeza, miro hacia mi izquierda y esta Sky plácidamente dormida. A mi vuelve todo lo que hicimos anoche y cómo la hice mía una vez más, me levanto y camino hacia la cocina. Me duele un poco la espalda baja, creo que tener 24 años me está empezando afectar o quizás solo sea el mal dormir. Sirvo un poco de agua en el vaso de vidrio que tengo al frente, guardo la jarra en la nevera y bebo el agua junto con la pastilla. A lo lejos veo mi teléfono con la luz titilante la cual significa que tengo notificaciones nuevas, me acerco a él y lo agarro desbloqueándolo, efectivamente mi madre me ha estado llamado y lo más cumbre es que ha estado llamando desde las 5:45 a.m. Mínimo me despierto a las 8:40 a.m. De todos modos la llamo para ver todo ande bien con la empresa, desde que salí de la Universidad que fue hace tres años he estado dirigiendo junto con mis hermanos las empresas de mi madre, son empresas de vinos con nuestras propias marcas de vinos, tenemos viñedos gigantescos con las más finas y exquisitas vides de uvas de la mano con la más fina tecnología de pinta para procesar el dichoso vino. Uno tono… Dos tonos… Tres tonos… Yo: Alo buenos días mamá, ¿Todo bien?. Mamá: Buenos días estrella, si,  quería confirmar que si vas estar en la reunión a las 10:00 a.m. Yo: Mmm… Por supuesto, no hay ningún inconveniente. Mamá: Ok, está bien, te amo. Yo: Te amo. Cuelgo y ni me acuerdo de que había una reunión a las diez, agradezco que me haya llamado. Voy hacia unos papeles que tengo en la cocina y los hojeo rápidamente. Revisándolos me acuerdo que es con una empresa reconocida aquí en Ámsterdam, me mude a Países Bajos ya hace unos meses atrás solo me quedaría 6 meses que ya nada más me faltan dos meses para volver a Oslo. La empresa es sobre unas embarcaciones las cuales son muy importantes porque hacen llegar nuestros productos a nivel masivo a otros países de Europa y América. Camino posicionándome frente al refrigerador, busco una cuantas cosas para hacer el desayuno, con una laja de pan le pongo encima un vaso haciendo un orificio en este. Coloco la sartén en el fuego para después poner el pan, a parte bato un huevo en una taza con una pizca de sal, porque odio la yema pero si la mezclo no me doy cuenta que está allí. Adentro del orificio del pan agrego el huevo que se cocina adentro de este. «Debería montar un canal de You Tube, se llamaría haciendo desayunos con el galán de Zion Agreste.» Pienso ligeramente con el ego hasta las nubes. Me volvería famoso en segundos, dejando que se cocine por un lado le doy la vuelta, finalizo y hago lo mismo para Sky. Pico un poco de frutas, me acuerdo que tengo que hacer el café agrego el agua en la cafetera y pongo la capsula de café en un mini-contenedor de está. Veo por los ventanales que el cielo está más azul que otros días, huelo que se quema algo y veo hacia el satén y el pan de Sky está más negroo que la noche. Tomo la sartén y echo el contenido al fregador, hago uno nuevo con la llama del fuego bajita, me distraigo con me teléfono unos momentos. Termino de hacer el desayuno y tomo el pan con huevo me lo llevo a la boca mientras que camino hacia el ventanal, deleitándome con la gran vista de la ciudad. «Algo me dice que esté será un buen día.» Digo para mis adentros, tomo algunas frutas y voy hacia mi habitación me desvisto y me voy hacia el baño. No me importa si comí antes de bañarme, tenía hambre, me ducho y voy hacia mi armario y saco un traje de color gris concreto con una camisa blanca, no creo que sea necesario usar corbata pero la llevaré en la mano. Me vistó mientras que veo a Sky dormir, en verdad la fiesta anoche no estaba tan animada pero la que hicimos en el apartamento esa si fue salvaje. Carcajeo profundamente, termino y me acerco para darle un beso en la frente, me voy hacia uno de los cajones de la cómoda, me pongo mi rolex y los eslabones que pongo en mis muñecas de la camisa. También voy por el perfume de Antonio Banderas. Tomo el peine y me arreglo el cabello saliendo de la habitación, acomodo los papeles en un maletín y finalmente me pongo mi saco junto con mi abrigo negroo, tomo las llaves y salgo del apartamento. Llamo a Jackson mi chofer avisándole que voy hacia la empresa. Yo: Alo buenos días Jack, vamos a la empresa. Jack: Señor, el auto no se encuentra en buenas condiciones lo llevamos al mecánico. Yo:¿¡Qué!?, ¿Cómo que el auto está en el mecánico?. Jack: Ayer no se acuerda que nos estrellamos contra un poste, pues se dañó algo que no entiendo. Yo: ¿Y no hay otros autos disponibles?. Jack: No señor, me temo que tomará un taxi. Yo: Esta bien, gracias. Cuelgo frustrado, son las 9:25, cómo carajos conseguiré un taxi, esto no es New York que se ven por todas partes, menos en esta zona que está un poco apartada del centro de la ciudad. Suspiro por mi fortuna me quedo pensando en qué puedo hacer para acelerar las cosas, no se me ocurre nada, no tengo un número al cual llamar para que me vengan a buscar y la empresa queda algo lejos. Camino por la acera para acércame más adonde hay más actividad automovilística. Algunas personas me miran de una forma rara, todos aquí son rubios y es algo raro conseguirse a un pelirrojo y más si es uno muy atractivo. Sonrío sigo caminando viendo hacia la calle, no ha pasado ni un puto taxi, lo que se me hace más y más frustrante para mí. Me gusta ser puntual y más si son negocios, no mentiré que jamás me vi en la posición que estoy. Un hombre de negocios que siempre viste de traje porque tiene que ir a reuniones súper complicadas para no dar explicaciones a los demás. A lo lejos veo un taxi y una sonrisa se me pinta en el rostro, corro desesperadamente detrás del taxi. —¡Taxi!. — Grito. —¡Taxi!. — Grita alguien más. Pero ese taxi es mío y no me importa quién sea yo me voy a montar en ese auto y me voy hacia la empresa porque sí. Abro la puerta del taxi me acomodo en el asiento pero alguien roza su pierna con la mía, debo decir que su pierna es muy hermosa y pulcra subo mi mirada lentamente hasta toparme con unas caderas que en un club pueden sacudir al mundo, voy por su torso con una bella camisa blanca deja mucho para la imaginación después por su cuello, su mandíbula. Me muerdo el labio, esa mujer me está volviendo loco nada más con que la miré, al final me topo con unos ojos verdes que calan hasta lo más profundo de mi alma y me quitan el aliento. «No lo puedo creer». Nos vemos intensamente a los ojos, con las boca abiertas, de las sorpresa que nos dimos los dos. —¿Zion?. — —¿Paulette?. —
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