—Ay, Julian, no tenías por qué hacerlo, en serio —protesta Nora cuando le abrocho el delicado colgante de diamantes—. Es precioso, pero… —Pero ¿qué? —Retrocedo, admirando en el espejo como le queda la piedra en forma de media luna sobre la piel dorada. Se aparta del espejo y me mira con unos ojos misteriosos y serios. —Ya has hecho que mi día sea especial, entre el masaje y las tortitas que ha hecho Rosa para desayunar. No hacía falta que también me regalaras algo tan caro. Sobre todo porque yo todavía no he podido regalarte nada por tu cumpleaños. —El mío es en noviembre —digo, divertido—. El noviembre pasado ni siquiera sabías si había sobrevivido a la explosión, así que es normal que no me dieras nada. Y el año anterior, bueno… —Sonrío, recordando lo molesta que estaba conmigo duran

