31 Nora —Hola. Empujo la puerta de la habitación de Rosa y me acerco a su cama con una bandeja con infusiones y bocadillos. La encuentro tumbada de lado, de espaldas a la puerta, envuelta en una gruesa manta. Dejo la bandeja sobre la mesita de noche, me siento en el lateral de la cama y le acaricio ligeramente el hombro. —¿Rosa? ¿Te encuentras bien? Se da la vuelta para mirarme y casi retrocedo al ver el moretón de su cara. —¿Tan mal está? —dice al ver mi reacción. Su voz suena algo áspera, pero se muestra increíblemente calmada. Tiene la cara hinchada, pero los ojos secos. —Bueno, yo no diría que está bien —digo con tacto—, ¿cómo te encuentras? —Posiblemente mejor que tú —dice tranquilamente—. Siento mucho lo del bebé, Nora. No me puedo ni imaginar por lo que estaréis pasando Ju

