33 Nora Se me para el corazón un instante y la adrenalina me explota en las venas. Antes de que pueda reaccionar, Julian ya ha entrado en acción. Me desata el cinturón de seguridad, me agarra del brazo y me tira al suelo de la limusina. —Quédate ahí —grita. Me quedo mirándolo atónita mientras levanta el asiento, que deja al descubierto un enorme alijo de armas. —¿Pero qué…? —balbucea mi madre justo cuando la limusina pega un volantazo que me lanza contra el lateral del asiento de cuero acolchado. Mis padres se ponen a gritar aferrándose el uno al otro y Julian se sujeta del borde del asiento levantado para evitar caerse. Entonces lo oigo. Es el ta-ta-ta-ta-ta de una metralleta. Alguien nos está disparando. —¡Gabriela! —Mi padre está blanco como el papel—. ¡Agárrate a mí! La lim

