—¡Nora! ¡Tesoro! —Un olor suave y perfumado me envuelve en cuanto mis padres abren la puerta. Entre risas, abrazo a mi madre y, después, a mi padre, que está justo detrás de ella. Me abraza con fuerza durante unos instantes y siento cómo su corazón late con fuerza dentro de su pecho. Cuando se retira un poco para poder mirarme, observo que se le han llenado los ojos de lágrimas. —Nos alegramos mucho de verte —dice, casi susurrando, con una voz que parece salirle directamente del alma. Aunque sonrío, tampoco puedo contener las lágrimas. —Yo también, papá. Yo también. Os he echado mucho de menos a los dos. Tras decir esto, caigo en la cuenta de que viajo acompañada. Me giro y me fijo en que mamá está mirando a Rosa y a Julian con una sonrisa un tanto forzada. Respiro profundamente y me

