Con las emociones a flor de piel fui la primera en llegar al evento y comencé a sentir como la atmósfera se fue llenando de excitación conforme fueron arribando los invitados, mis nervios poco a poco se fueron controlando, respiré tranquila al comprobar que estábamos logrando despertar la capacidad de asombro en todos los presentes y que todos ellos empezaban a conectar con su niño interior, estaban dispuestos a dejarse consentir y disfrutar al máximo la velada. Al entrar a la carpa dispusimos una recepción, en todo alrededor estaban colocadas ventanillas listas para surtir algodones de azúcar, palomitas, coloridos dulces a granel y también algunos sofisticados canapés para los paladares más exigentes, en el área de bebidas estaban tradicionales máquinas de fuentes de sodas pero tambié

