El hotel era muy lindo, era pequeño y profundamente acogedor, cada rincón estaba cuidado para hacer un lazo afectivo con el huésped, al entrar tenías de inmediato la sensación de estar dentro de una postal típica parisina y era como viajar en el tiempo, el detalle del elevador de jaula era simplemente divino y cualquier lugar al que voltearas te hacia suspirar. Cuando entré a mi cuarto exclamé un ¡oh! de agradable sorpresa, destacaba el balcón repleto de flores con vista a los clásicos tejados parisinos y no tan a lo lejos se apreciaba la torre Eiffel. Salí al balcón para llenar mis pulmones de ese aire parisino y pensé en lo que increíble que era mi vida en estos momentos, estaba segura que mis papás se sentirían muy orgullosos de mi, sonreí pensando que quizá lo único que hacía falta er

