Un ramo de disculpa. 1

3690 Palabras
El Jardín de Elysia, era una florería que destaca por su tamaño imponente y su atmósfera encantadora, al entrar, la fachada pintada en tonos suaves de lavanda, menta y rosa pastel le da un aire acogedor y sereno, como si invitara a los transeúntes a adentrarse en un pequeño paraíso floral. Los grandes ventanales, adornados con delicadas cortinas blancas, permiten que la luz del sol inunde el interior, creando juegos de sombras y reflejos que hacen que las flores parezcan aún más vibrantes. Dentro, el espacio es amplio y abierto, con estanterías de madera clara que se extienden a lo largo de las paredes, rebosantes de flores frescas en una variedad impresionante; rosas, lirios, orquídeas, y geranios en todos los colores imaginables, el aroma dulce y fresco se mezcla con el murmullo suave del agua que cae de una pequeña fuente en el centro del local, rodeada de plantas en macetas de terracota. Las mesas de trabajo, cubierta de herramientas y jarrones, están al fondo, donde Elysia y su compañera crean los arreglos más hermosos. La atmósfera era tranquila, casi mágica, como si el lugar estuviera suspendido en el tiempo, las paredes estaban decoradas con cuadros que muestran paisajes naturales y flores, acentuando la sensación de estar en un jardín, en la planta alta, donde Elysia reside, el ambiente se convierte en un refugio personal que respira paz y belleza, conectado con el vibrante mundo floral que se encuentra abajo. Hace un año, Elysia logró finalmente comprar el local, un sueño que había acariciado durante mucho tiempo, con el cierre de esa etapa, dejó la casa de sus padres y se mudó a la planta alta del edificio, un espacio que se convirtió no solo en su hogar, sino también en el refugio donde podía sentirse completamente en control de su vida. Esa decisión representó un nuevo comienzo para ella, un paso hacia la independencia y el crecimiento personal, donde su pasión por las flores y el arte floral florecían junto con su vida, Elysia llevaba un año comprometida con Albert, y aunque su relación estaba llena de amor y complicidad, aún no habían fijado una fecha para su boda. A veces, entre los desafíos de administrar la florería y la búsqueda de estabilidad personal, los planes para el futuro se veían postergados, pero ambos sabían que su compromiso era sólido y que el momento para dar ese paso llegaría cuando todo estuviera en su lugar, Elysia era feliz con todo lo que tenía. La florería, su propio refugio, representaba no solo un logro profesional, sino también un espacio lleno de vida y de belleza que la conectaba con su pasión, había logrado la independencia que tanto había soñado y aunque la boda con Albert aún estaba en espera, su relación era fuerte y llena de promesas, cada día, se sentía agradecida por el amor que la rodeaba, la satisfacción de su trabajo y el hogar que había construido con sus propias manos, una vida que reflejaba la armonía que tanto valoraba. Esa mañana, como de costumbre, Elysia abrió las puertas del jardín con una sonrisa tranquila en el rostro, la luz suave de la mañana se colaba a través de los grandes ventanales, iluminando las flores que descansaban en las estanterías, con la escoba en mano, comenzó a barrer el suelo con movimientos meticulosos, disfrutando de la quietud del lugar antes de que los primeros clientes llegaran. El aroma a flores frescas la rodeaba mientras barría con calma, tomando un respiro entre cada movimiento, era su rutina diaria, los arreglos de flores estaban dispuestos con cuidado y todo parecía estar en su lugar. Mientras limpiaba, su mente vagaba, imaginando el día que estaba por comenzar, Elysia salió al exterior para barrer frente a su local, disfrutando del aire fresco de la mañana. Pero al dar un vistazo al otro lado de la calle, frunció el ceño al ver un grupo de personas saliendo de la discoteca que había justo enfrente, aunque era temprano, varios jóvenes salían tambaleándose, aún con los ecos de la música retumbando en el aire. La risa y el bullicio contrastaban con la tranquilidad de su florería, Elysia no podía evitar sentir algo de incomodidad, aquella discoteca, aunque a veces animaba la zona, también traía consigo ruido y desorden por las noches, algo que no encajaba con la serenidad que ella había trabajado tanto por crear en su florería. A menudo pensaba que no había mucho que pudiese hacer al respecto, pero eso no impedía que sus pensamientos se nublaran por un instante, sin embargo, se centró en su tarea, intentando no dejar que esos pequeños detalles empañaran la paz que tanto valoraba en su día a día. La discoteca había abierto hacía solo dos meses y rápidamente se convirtió en el lugar de moda de la ciudad, con su fachada moderna, luces de neón brillando intensamente y un interior lujoso, se había ganado el reconocimiento como la sensación del momento. Los jóvenes de la ciudad se agolpaban para conseguir una entrada, atraídos por su exclusiva oferta de música electrónica y ambiente de alto nivel, el sonido pesado de la música retumbaba más allá de sus paredes, a veces incluso alcanzando las primeras horas de la mañana. Para Elysia, sin embargo, todo ese glamour no parecía tener el mismo atractivo, si bien la discoteca era un éxito rotundo para el barrio, también trajo consigo una corriente constante de gente ruidosa, hasta altas horas de la madrugada. A veces se preguntaba si algún día encontraría un equilibrio entre su pequeño rincón de paz y el bullicioso y moderno entretenimiento que se había apoderado del otro lado de la calle. Mientras barría frente a su florería, no podía evitar sentirse un poco incómoda con la presencia de aquel lugar tan diferente a lo que ella había soñado para su vecindario, Elysia terminó de barrer frente a su florería, y al sentir que el trabajo estaba hecho, volvió adentro, dejando atrás el bullicio de la calle. La paz del interior la envolvió de inmediato, como un cálido abrazo, se dirigió al espejo grande que colgaba en la pared, justo al lado de la entrada, observó su reflejo por un momento, admirando los suaves rayos de sol que caían sobre su cabello rubio, el cual había dejado suelto para ese día. Con un gesto delicado, lo recogió ligeramente, arreglándolo con las manos para que cayera suavemente alrededor de su rostro, después, con una sonrisa tranquila, se puso el delantal blanco con pequeños detalles florales que siempre usaba para trabajar. El sencillo gesto de ponerse el delantal marcaba la transición a su día de trabajo, preparándose para atender a los primeros clientes, sumergirse en su arte floral y hacer lo que más amaba; rodearse de flores y brindar belleza a quienes entraban en su florería. Elysia se agachó detrás del mueble de madera, buscando unos plásticos decorados que había usado la semana pasada para un arreglo especial, mientras los recogía cuidadosamente, la suave campanita sobre la puerta sonó, anunciando la llegada de su primer cliente del día, la melodía familiar le hizo sonreír al instante, se levantó rápidamente, dejando los plásticos en su lugar y ajustándose el delantal. Elysia se sorprendió profundamente al ver entrar a cinco hombres con trajes negros, sus rostros graves y serios, que hacían que la atmósfera del lugar cambiara de inmediato, cada uno de ellos parecía irremediablemente serio y sus pasos en conjunto resonaban en el suelo de madera de la florería. Pero lo que más llamó la atención de Elysia fue la figura que caminaba entre ellos, un hombre diferente, con una gabardina verde olivo que le daba un aire sofisticado y un traje elegante que, sin duda, destacaba por su calidad. Sus ojos se encontraron por un breve segundo y Elysia no pudo evitar sentir una mezcla de curiosidad y algo de inquietud ¿Quiénes eran? ¿Qué buscaban hombres así en su pequeña florería, un lugar tan pacífico y lleno de flores? El silencio que trajeron consigo pesaba en el aire y la campanita sobre la puerta dejó de sonar, como si hubiera marcado un cambio en el ritmo de la mañana. El hombre con la gabardina verde olivo sonrió con cierta coquetería al ver a Elysia, fue una sonrisa que no pasó desapercibida, un gesto tan inesperado que hizo que Elysia se sintiera un poco desconcertada. Mientras sus compañeros se mantenían de pie, observando desde una distancia, él avanzó con paso firme, sus ojos fijos en ella, la sonrisa, aunque sutil, estaba llena de confianza, como si supiera algo que ella aún no comprendía. Elysia, aunque sorprendida, mantuvo su compostura, estaba acostumbrada a una clientela amable, pero ese hombre y su presencia tan imponente y sofisticada no eran lo que había esperado esa mañana, mientras el hombre se acercaba, Elysia no pudo evitar fijarse en sus detalles físicos, su piel trigueña, suave y dorada bajo la luz natural que entraba por los ventanales, le daba un aire cálido y misterioso, su barba, perfectamente cuidada, trazaba una línea recta y definida a lo largo de su mandíbula dándole un aire maduro y elegante, pero lo que más captó su atención fueron sus ojos, de un verde profundo que parecían brillar con intensidad, como si pudieran leer más allá de la superficie. Su rostro también presentaba un pequeño, pero distintivo detalle; un marcado camanance en su barbilla, una pequeña hendidura que le otorgaba carácter y una personalidad única, todo en él parecía estar pensado con precisión, desde su porte hasta los pequeños detalles que lo hacían destacar, Elysia, no pudo evitar sentirse cautivada por la intensidad que emanaba, un magnetismo que era difícil de ignorar. — Buenos días. — el hombre saludo con una voz profunda, seductora y enigmática que pareció resonar en el aire. Elysia salió de su sorpresa con un pequeño respiro, recuperando la compostura rápidamente, sonrió amablemente, como siempre hacía con sus clientes y extendió su mano con naturalidad. — Hola, bienvenido a El Jardín de Elysia... — dijo, con una calidez en su voz que, aunque algo nerviosa, no dejaba de ser genuina — ¿En qué puedo ayudarte hoy? — a pesar de la inesperada presencia de aquel hombre, se centró en su profesionalismo. El hombre amplió su sonrisa al escuchar la presentación de Elysia, como si su reacción le agradara, con una mirada directa y cautivadora, apoyó las manos sobre la madera, era un hombre muy seguro de sí, eso se podía notar a leguas. — Necesito un ramo de disculpas, algo que realmente pueda transmitir lo que siento, algo especial. — dijo, Elysia asintió, comprendiendo inmediatamente el tipo de encargo. — Tengo varias opciones que podrían servirle... — dijo con suavidad, comenzando a caminar hacia la mesa donde guardaba ejemplos de ramos — Si busca algo más sencillo, podría ofrecerle un ramo de rosas blancas, símbolo de pureza y sinceridad, o si lo que busca es algo más colorido, tengo arreglos con lirios y geranios, perfectos para transmitir una mezcla de arrepentimiento y esperanza de perdón... —Elysia se detuvo brevemente, observando al hombre con curiosidad antes de continuar — También tengo una opción más personalizada, con orquídeas y algo de jazmín, si lo que necesita es un toque de elegancia y delicadeza. — la elección del ramo parecía importante y Elysia quería asegurarse de que él encontrara lo perfecto para la ocasión. El hombre escuchó en silencio, su mirada fija en ella y no en las imágenes, mientras procesaba la información, el hombre la miró directamente a los ojos, como si meditara sobre su elección, aunque no había escuchado muy bien. — La verdad... — hizo una pausa — Es para disculparme por haber olvidado una cita importante y aunque las palabras pueden no ser suficientes, pensé que un ramo bien elegido podría hacer el gesto más significativo. — Elysia asintió con comprensión. — Olvidar una cita puede ser un error grande, pero un gesto sincero como este puede mostrar lo que realmente importa... — respondió, ofreciéndole una pequeña sonrisa reconociendo la situación — Creo que el ramo con orquídeas y jazmín sería una excelente opción, especialmente si busca algo elegante y lleno de significado, las orquídeas son símbolo de amor y respeto, el jazmín aporta una fragancia dulce, una sensación de arrepentimiento y cariño... — le mostro el ramo en el catálogo — Si lo prefiere, puedo agregar un mensaje personalizado con las flores, algo que refuerce aún más ese gesto de disculpas. — le dedicó una sonrisa amable, pero el hombre se rio suavemente al escuchar el ofrecimiento de la nota, una risa baja y elegante que pareció romper un poco la tensión del momento. — Bueno, supongo que una nota no vendría mal... — dijo con una sonrisa que reflejaba algo de diversión en su tono — Algo que exprese lo que no supe decir en su momento. — Elysia asintió, sonriendo también al ver que su sugerencia había sido bien recibida. — Perfecto, puedo escribir algo que complemente el ramo... — respondió con una actitud calmada — Si tiene algo en mente para el mensaje, no dude en decirme, pero si prefiere que lo elija yo, lo haré con gusto. — comenzo a preparar lo necesario para armar el ramo. — Me fío de ti... — dijo tras un breve silencio, con una mirada fija en Elysia — Confío en que sabrás captar lo que quiero transmitir. — la vio levantar la mirada y sonreír nuevamente. El hombre la observó fijamente, como si sopesara sus palabras antes de hablar, la mirada de sus ojos verdes parecía más intensa y la atmósfera en la florería se cargó de una tensión suave, pero palpable, después de un breve momento de silencio, se atrevió a preguntar, con una sonrisa juguetona que contrastaba con la seriedad de la situación. — ¿Tienes novio? — la pregunta, tan directa e inesperada, tomó a Elysia por sorpresa, sonrió suavemente, sin perder su calma y levantó su mano izquierda para mostrarle el anillo que brillaba a la luz del día. — Estoy comprometida... — le dijo con una sonrisa tranquila, como una forma de cerrar la pregunta sin causar incomodidad — Hace un año, de hecho. — la respuesta, sencilla, pero firme, fue suficiente para transmitirle lo que necesitaba saber, sin que Elysia tuviera que entrar en más detalles. Aunque el hombre había sido atrevido, Elysia no quería que eso afectara la atmósfera de su florería ni la profesionalidad con la que siempre trataba a sus clientes, él la observó por un momento más, como si valorara su respuesta, y luego, con un ligero gesto de asentir, desvió su mirada hacia las flores que ella preparaba, volviendo al enfoque de su pedido. — Qué pena. — dejó escapar un suspiro. — ¿Por qué lo dice? — lo miro con curiosidad. — Porque pareces muy joven y eres muy hermosa... — respondió, su voz suave — Pensé que tal vez alguien como tú no estaría ya comprometida, eso a veces corta las ilusiones. — él la observó nuevamente, su mirada recorriéndola con mucho interés. Elysia, aunque sorprendida por el comentario, se mantuvo serena, sin dar demasiada importancia al piropo, simplemente sonrió amablemente, no tenía por qué reaccionar a esos comentarios, no era la primera vez que alguien intentaba de coquetear con ella. — El amor no tiene edad y estar comprometida no significa que no pueda seguir haciendo lo que más me apasiona. — dijo, con una confianza tranquila, mientras ajustaba algunas flores en el ramo. — ¿Ya tienes fecha de boda? — le pregunto con una sonrisa más amplia. — Aún no... — respondió, sin ocultar la pequeña frustración que a veces sentía por no haber avanzado en los planes — Todavía estamos organizando todo. — él dejó sus ojos fijos en ella, una sonrisa astuta en sus labios. — Entonces aún tengo tiempo... — insinuando que tal vez la oportunidad no estaba tan lejana — No todo está decidido. — Elysia, sin dejarse llevar por la provocación, simplemente sonrió y asintió, retomando el enfoque en el ramo que estaba preparando. — Sí, todavía hay tiempo para todo, para que pida disculpas a su persona importante incluso. — respondió, intentando no darle demasiada importancia a su comentario. El hombre, con su aire de seguridad, decidió darse un paseo por toda la florería, caminó lentamente entre los estantes llenos de flores frescas, sus pasos suaves y medidos, mientras sus ojos recorrían los arreglos con un interés claro, Elysia lo observaba de reojo, manteniendo su atención en el ramo que estaba preparando, pero no pudo evitar notar cómo él se detenía aquí y allá, admirando las distintas combinaciones de colores y formas. Su mirada se detenía en las flores más inusuales, como si cada una tuviera una historia que contar, algunas veces sus dedos rozaban ligeramente los pétalos, sin llegar a tocarlos por completo, pero mostrando una fascinación tranquila por el entorno que él parecía encontrar tan cautivador. — Este lugar es especial... — comentó finalmente, girándose hacia Elysia, su tono relajado, pero lleno de sinceridad — Hay algo en el aire aquí, algo diferente, se siente la paz. — Elysia sonrió, agradecida por sus palabras. — Eso es lo que intento transmitir, la florería no es solo para comprar flores, sino para que quien entre se lleve un pedazo de tranquilidad. — respondió, con una mirada que reflejaba su amor por el lugar. Él asintió, como si apreciara esa idea, antes de seguir explorando el resto de la florería, disfrutando del ambiente que Elysia había cuidado con tanto esmero, el hombre, al continuar su paseo por la florería, finalmente se detuvo frente a un arreglo especialmente hermoso de lirios y orquídeas, con una sonrisa ligera en los labios, se volvió hacia Elysia nuevamente, sus ojos verdes brillando con una mirada que parecía cargada de admiración. — Debo admitir que este lugar tiene algo mágico... — dijo, su tono lleno de encanto — Y no solo las flores, si me lo permite, me atrevería a decir que usted es tan hermosa y única como ellas... — acarició las flores — De alguna forma, es como un hada de jardín, alguien que da vida a todo lo que toca. — Elysia se quedó un poco sorprendida por sus palabras, pero una suave sonrisa apareció en su rostro al tiempo que sentía sus mejillas ligeramente calientes. No era la primera vez que alguien elogiaba la belleza de las flores de su florería o a ella misma, pero la comparación tan particular con un "hada de jardín" la hizo sentirse, por un momento, fuera de lugar y le causo cierto encanto. — Gracias... — respondió, con un tono amable y un poco tímido — Creo que las flores solo muestran lo que hay en el ambiente y este es un lugar lleno de tranquilidad. — el hombre le devolvió una sonrisa cómplice, como si estuviera disfrutando de la conversación y la atmósfera tranquila que él mismo había logrado crear al entrar. Elysia, con una ligera sonrisa de concentración, terminó de armar el ramo, las orquídeas y el jazmín estaban perfectamente dispuestos, el arreglo equilibrado y armonioso, como siempre lo hacía, se detuvo un momento para admirar su trabajo, luego se dirigió a la pequeña mesa donde guardaba las tarjetas. Con manos delicadas, eligió una tarjeta de papel de textura suave y color marfil, perfecta para una ocasión tan especial, la tomó entre los dedos y con calma buscó su pluma de cristal. — ¿Deseas que el mensaje sea más romántico o amistoso? Dependiendo de lo que busque, puedo ajustar las palabras. — comentó Elysia sosteniendo la tarjeta. El hombre la miró por un momento, reflexionando sobre la pregunta, su mirada, antes juguetona, se tornó un poco más seria mientras pensaba en la naturaleza de su disculpa, parecía pensar sus opciones, consciente de la importancia de cada palabra. — Creo que algo más... — hizo una pausa — Romántico, pero no demasiado, algo que muestre que realmente me importa, pero que también refleje el arrepentimiento sincero. — la vio asentir y destapar el tintero con mucho cuidado. Elysia, asegurándose de que el mensaje tuviera el toque romántico que el hombre deseaba, pero sin caer en un tono excesivamente dulce, era buena con las palabras y estaba acostumbrada a escribir ese tipo de notas. "Perdón por el olvido, lo que no quise que pasara. Aunque las palabras a veces no bastan, espero que este gesto hable por mí. Mi más sincero arrepentimiento, con la esperanza de que el tiempo que hemos perdido pueda ser recuperado." Con la tarjeta lista, Elysia, la leyó en voz alta para él, con un tono suave, pero claro, para que pudiera escuchar exactamente lo que contenía, el hombre escuchó atentamente, asintiendo después de unos momentos de reflexión. — ¡Perfecto! — dijo, con una leve sonrisa — Es justo lo que necesitaba, gracias. — Elysia, aliviada de que estuviera satisfecho con el resultado, entregó el ramo con la tarjeta, esperando que el gesto fuera lo que él esperaba para solucionar lo que había quedado pendiente. El hombre, con un gesto decidido, sacó una tarjeta de su bolsillo y la deslizó hacia Elysia con una sonrisa confiada, era una tarjeta de banco Black, de esas que no tienen límites, un símbolo claro de su posición, no parecía importarle en lo más mínimo el precio del ramo, y su actitud seguía siendo tranquila y casi indiferente al valor de lo que acababa de comprar. — Son ciento diez dólares. — comentó Elysia con la tarjeta en su mano. — No tienes que preocuparte por eso, la tarjeta no tiene límites. — dijo mientras continuaba observando el ramo. Elysia, sorprendida por la falta de consideración hacia el costo, paso la tarjeta por la terminal con una mezcla de asombro y profesionalismo, no era la primera vez que trataba con personas adineradas, pero la indiferencia con la que él había puesto la tarjeta sobre la mesa la dejó algo desconcertada, a pesar de todo, mantuvo su sonrisa, consciente de que su trabajo era brindar lo mejor, sin importar el tipo de cliente.
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