Elysia dejó la escoba apoyada contra el mostrador y se frotó el rostro con ambas manos, sintiendo una mezcla sofocante de tristeza y frustración, no quería discutir con Albert, no quería sentir ese peso en el pecho cada vez que Beatriz aparecía en escena, pero ahí estaba, esa sensación de incomodidad que no podía ignorar.
Se dejó caer en una de las sillas detrás del mostrador y miró sus manos, las mismas que con tanto amor arreglaban flores todos los días, pero que en ese momento temblaban levemente por la rabia contenida, Mia se acercó con cuidado y le puso una mano en el hombro.
— Ely ¿Quieres hablar de eso? — Elysia tragó saliva y negó con la cabeza.
— No sé ni qué decir, Mia... — dejó escapar un suspiro pesado — Me siento agotada, como si siempre tuviera que ser yo la que aguante, la que entienda, la que ceda. — Mia suspiró y se sentó a su lado, cruzando los brazos.
— Pues sí, y, sinceramente, no creo que debas seguir aguantando a esa bruja de Beatriz ¿Viste cómo te miró? Como si fueras, un estorbo. — Elysia cerró los ojos con pesar.
— Lo sé y lo peor es que Albert nunca la ve como yo la veo, siempre la excusa, siempre me dice que no lo tome personal. — Mia chasqueó la lengua.
— Sí, claro y mientras tanto, ella se mete en tu relación como si tuviera derecho a opinar. — Elysia apretó las manos en su regazo, Mia siempre era su polo tierra y la hacía ver todo de una manera real, como era.
— Y Albert me dice que no lo haga elegir... — su voz sonó amarga — Como si yo estuviera exigiendo algo injusto. — Mia la miró con compasión.
— No lo haces, Ely, es normal querer que tu pareja te apoye, sobre todo cuando alguien claramente te está menospreciando. — Elysia se mordió el labio, sintiendo que la tristeza la envolvía más ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué Albert no podía ver lo que ella veía? ¿Por qué, después de un año de compromiso, sentía que estaban más distantes que antes? Mia se inclinó hacia ella y le dio un leve empujón en el brazo.
— Oye, no dejes que esto arruine tu día, eres una mujer increíble, con un negocio hermoso y con mucha gente que te quiere, no dejes que una Beatriz Cruz cualquiera te haga sentir menos. — Elysia forzó una pequeña sonrisa, aunque su corazón seguía sintiéndose pesado.
— Gracias, Mia. — su amiga sonrió.
— Para eso estoy y, además, tengo el presentimiento de que hoy podría haber más sorpresas y tal vez no sean tan malas. — Elysia arqueó una ceja, intrigada por las palabras de su amiga.
— ¿A qué te refieres? — Mia sonrió con picardía.
— No sé... — se puso a jugar con su cabello — Tal vez a un misterioso hombre de gabardina verde olivo que parezca fascinado contigo y que viene caminando hacia acá. — Elysia rodó los ojos, aunque un leve rubor apareció en sus mejillas.
— No empieces, Mia. — la mujer soltó una carcajada, esperaba ponerla nerviosa con esas palabras, pero no lo consiguió del todo.
— Solo digo que la vida es impredecible, amiga y a veces, las cosas cambian cuando menos lo esperas. — Elysia suspiró, sin poder evitar pensar en ello.
El día continuó su curso, llevándola entre flores, aromas frescos y el constante ir y venir de los clientes, la florería estaba llena de vida, el bullicio de la gente buscando el ramo perfecto, el sonido de la campanita de la puerta cada vez que alguien entraba y la cálida luz del sol que entraba por los grandes ventanales pintaba el lugar con una atmósfera tranquila, casi mágica.
Elysia se concentró en su trabajo, organizando ramos, atendiendo a los clientes con una sonrisa en el rostro, como siempre lo hacía, intentaba, a toda costa, no pensar en la conversación con Albert ni en la incómoda aparición de Beatriz. Sabía que no podía dejar que esos pensamientos la atraparan; su florería y su negocio dependían de ella, el lunes transcurría con normalidad, con una cantidad de clientes más abundante de lo esperado. Al parecer, el fin de semana había dejado a muchos con ganas de enviar flores a sus seres queridos, Elysia organizó un par de entregas, ayudó a una madre a elegir flores para el cumpleaños de su hija y aconsejó a un cliente sobre el ramo más adecuado para una boda que se celebraría al día siguiente.
Mia, siempre eficiente, se encargó de las tareas secundarias: atender las llamadas, hacer los arreglos pequeños y asegurarse de que el flujo de trabajo fuera constante, en ese momento, las dos parecían un equipo perfectamente sincronizado, pero, por un segundo, Elysia sintió una leve desconexión consigo misma. Miró el reloj y aunque estaba ocupada, algo seguía rondando en su mente, no era sólo Beatriz ni la relación con Albert; había algo más, algo que se había instalado en su interior desde el primer encuentro con Lucian, algo que no quería reconocer, pero que no podía dejar de pensar.
Mientras terminaba de organizar el ramo para un cliente, la campanita de la puerta sonó nuevamente, Elysia levantó la mirada de inmediato, esperando ver a otro cliente entrar, pero esta vez, su corazón dio un pequeño salto al ver a un hombre conocido cruzar el umbral, Lucian. Entró con paso firme, sus ojos verdes como siempre llenos de esa intensidad enigmática, no llevaba la gabardina verde olivo esta vez, parecía más relajado con las mangas de la camisa blanca arrolladas, pero su presencia seguía siendo tan imponente como la primera vez.
Su mirada se posó sobre Elysia de inmediato, como si la estuviera buscando y una pequeña sonrisa apareció en su rostro cuando la vio, Elysia trató de mantener la compostura, pero por dentro sentía que algo no encajaba ¿Por qué él estaba de nuevo en su florería? ¿Qué quería esta vez? Elysia parpadeó un par de veces, sorprendida por su regreso tan pronto, Lucian se detuvo frente al mostrador, con su sonrisa encantadora y ese aire despreocupado que parecía envolverlo como una segunda piel.
— Vine a agradecerte por el ramo de esta mañana... — dijo con voz profunda y seductora, inclinándose apenas sobre el mostrador — Mi novia lo recibió, aunque no estoy seguro de que haya funcionado del todo. — Elysia mantuvo su expresión profesional, aunque por dentro una pequeña parte de ella sintió curiosidad.
— Espero que al menos le haya gustado. — respondió con amabilidad, mientras terminaba el ramo del cliente que esperaba pacientemente.
— Oh, le gustó... — Lucian sonrió con un destello de diversión en los ojos — Pero parece que necesitaré más que flores para arreglar mi error... — Elysia no comentó nada al respecto, no era su asunto, después de todo, Lucian apoyó las manos en el mostrador y la miró con intensidad — Pero hoy no he vuelto por ella, necesito otro ramo, algo especial para una madre mimosa que quedo encantada con el ramo y ahora me exige que le regale uno. — Elysia arqueó una ceja, su mente automáticamente pensando en opciones.
— ¿Una madre mimosa? ¿Le gustan los colores vibrantes? ¿Las flores elegantes? ¿O es más de las que prefieren lo clásico y sofisticado? — Lucian inclinó la cabeza con interés, como si le divirtiera verla tan concentrada en su trabajo.
— Diría que un poco de todo, aunque lo más importante es que sea un ramo que exprese aprecio y respeto. — dijo mientras la veía hacer un nudo con un lazo rojo, sus pequeñas manos eran tan hábiles con la seda que lo hizo reír.
— Tengo varias opciones que pueden gustarle... — Elysia entrego el ramo al cliente — Las peonías y los lirios son un clásico para las madres, pero si quieres algo más cálido, podríamos incluir gerberas y rosas en tonos durazno y crema. — camino hacia donde estaban los ramos personalizados, Mia se encargaría de cobrar el ramo que ella termino.
Lucian la siguió con la mirada, sin molestarse en ocultar su admiración por la forma en que hablaba con tanta pasión sobre las flores.
— Confío en tu criterio. — dijo al final, con esa misma sonrisa encantadora.
Elysia tomó un jarrón y comenzó a elegir las flores, tratando de ignorar la forma en que la observaba, pero cuando sintió su presencia más cerca, supo que Lucian no era el tipo de hombre que dejaba de lado una oportunidad para coquetear.
— Sabes... — comentó con voz relajada — Cuando entré aquí esta mañana, no tenía idea de que encontraría algo más fascinante que un simple ramo de flores. — Elysia dejó escapar una pequeña risa sin mirarlo.
— Si sigue diciendo esas cosas, señor Moretti, podría pensar que eres un mujeriego empedernido. — lo vio sobre su hombro con cierta advertencia en su mirada, el camino que estaba siguiendo no era bueno.
— Eso suena cruel, Elysia... — Lucian se llevó una mano al pecho con dramatismo fingido — Tal vez solo soy un hombre que sabe apreciar la belleza cuando la ve. — Elysia negó con la cabeza con una leve sonrisa mientras seguía armando el ramo, definitivamente Mia tenía razón, ese hombre era peligroso.
Elysia levantó la vista por un instante mientras acomodaba unas peonías en el ramo, Lucian la observaba con esa misma expresión intrigante, con una media sonrisa en los labios, cuando entro esa mañana no parecía de los hombres que sonrieran mucho, pero ahí estaba, sus labios curvados con encanto, haciendo resaltar su camanance.
— No me presenté adecuadamente esta mañana... — dijo con su voz profunda y segura — Mi nombre es Lucian Elías Moretti. — ella sonrió y volteo a ver a Mia con poca discreción.
— Elysia Noelle Brennan. — sonrió con cortesía y, con una inclinación de cabeza, divertida por presentarse con su nombre completo tal cual lo hizo él.
— Definitivamente es un nombre hermoso, muy apropiado para alguien que maneja un jardín tan encantador. — Lucian asintio.
— Sigue con los halagos, señor Moretti. — Elysia rodó los ojos con cierta diversión, Lucian se encogió de hombros, con esa confianza arrolladora que parecía definirlo.
— ¿Funcionan? — Elysia suspiró y, con calma, levantó su mano izquierda, dejando que el anillo de compromiso brillara bajo la luz cálida de la florería.
— Señor Moretti... — dijo con tono paciente, pero firme — Se lo dije esta mañana, estoy comprometida. — Lucian bajó la mirada hacia el anillo por un instante, pero lejos de verse desanimado, su sonrisa juguetona se mantuvo intacta.
— Lo sé... — respondió con naturalidad, sin rastro de incomodidad — No lo olvidé. — Elysia entrecerró los ojos con desconfianza.
— Entonces ¿Por qué sigue diciendo esas cosas? — Lucian apoyó un codo en el mostrador y la miró con esa intensidad que parecía atravesarla.
— Porque estar comprometida no significa que no pueda hacerte sonreír y verte hacerlo es como un sorbo de energía pura. — Elysia sintió un ligero escalofrío recorrer su espalda, pero mantuvo su expresión profesional.
Ese hombre era peligroso, tenía un cartel neón en la frente que lo dejaba en claro, Elysia sentía que no era peligroso en el sentido tradicional, sino en la forma en que sus palabras parecían sembrar algo dentro de ella.
— Solo hago mi trabajo. — dijo, volviendo a concentrarse en el ramo, ajustando los últimos detalles, Lucian la observó en silencio durante unos segundos, como si estuviera analizándola.
— Tu novio es un hombre afortunado. — dijo con un tono más ligero, Elysia se detuvo un instante antes de seguir la cinta del ramo.
— Lo es. — dijo simplemente, aunque por dentro sintió un leve peso en el pecho al recordar su discusión con Albert más temprano.
Lucian pareció notarlo, pero no presionó más, en su lugar, enderezó su postura y deslizó una de sus tarjetas Black sobre el mostrador.
— ¿Cuánto te debo esta vez, hada del jardín? — preguntó con una sonrisa traviesa, Elysia tomó la tarjeta sin mirarlo.
— Déjeme hacer la cuenta. — mientras lo hacía, sentía la mirada de Lucian sobre ella, pero se obligó a ignorarlo.
No debía prestarle atención, no debía dejar que sus palabras se quedaran en su mente y, sin embargo, algo le decía que este no sería el último encuentro entre ellos, cobró el ramo y le devolvió la tarjeta, Elysia intentó ignorar la sensación cuando los dedos de Lucian rozaron los suyos al devolvérsela, fue un contacto breve, apenas perceptible, pero suficiente para hacerla tensar la mandíbula, no debía reaccionar a esas cosas, no debía darle importancia.
Mientras guardaba la tarjeta en su billetera, Lucian echó un vistazo a Mia, quien había permanecido en silencio, observando toda la escena con un brillo curioso en los ojos mientras fingía arreglar las demás flores.
— ¿Qué tal si las invito a almorzar a mi restaurante? — dijo de pronto, con esa misma confianza despreocupada — Mi forma de agradecer el excelente servicio. — Elysia parpadeó, sorprendida por la invitación tan atrevida.
— No es necesario, solo estamos haciendo nuestro trabajo. — Lucian sonrió, inclinando un poco la cabeza.
— Lo sé, pero me gusta consentir a la gente que hace bien su trabajo... — Luego, dirigió su mirada a Mia — ¿Tú qué dices? — Mia, que hasta ese momento solo había estado disfrutando del espectáculo, se cruzó de brazos y miró a Elysia con diversión antes de responder.
— Bueno, almorzar gratis nunca suena mal. — Elysia le lanzó una mirada de advertencia, pero Mia solo se encogió de hombros con inocencia.
— No, señor Moretti, agradezco la invitación, pero no es necesario. — Elysia cruzo los brazos y negó con la cabeza de forma firme.
Lucian la miró por un momento, con su sonrisa ladeada aún en su rostro, luego, suspiró dramáticamente y llevó una mano a su pecho mientras bajaba la cabeza.
— Ah, qué cruel rechazo... — dijo en tono teatral, cerrando los ojos como si realmente le doliera — Mi pobre corazón no lo soportará... — Mia soltó una risa divertida ante su actuación, pero Elysia solo lo miró con una mezcla de paciencia y exasperación, Lucian entreabrió un ojo y al notar que ella no cedía ni un poco, suspiró con resignación fingida — Está bien, está bien, no insistiré... — dijo con una media sonrisa — Pero si alguna vez cambias de opinión, la invitación sigue en pie... — tomó su ramo con elegancia y se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir, se giró una vez más para verla — Nos vemos pronto, mi pequeña hada del jardín. — y con eso, salió de la florería, dejando tras de sí un ligero aroma de perfume.
Elysia soltó un largo suspiro, sintiendo que con él también se iba toda la tranquilidad de su día, Mia, que había estado observando la escena con pura diversión, se acercó con una sonrisa maliciosa.
— Admítelo... — dijo en tono burlón — Es un descarado encantador. — Elysia la fulminó con la mirada.
— No empieces, Mia. — pero su mejor amiga solo rio, disfrutando demasiado de la situación.
Después de unos cuantos clientes más normales, ambas tuvieron un momento libre, pero entonces alguien entró, Elysia y Mia se miraron con extrañeza cuando el repartidor entró a la florería, era un joven con uniforme de un restaurante cercano, cargando una bolsa de papel cuidadosamente doblada.
— Buenas tardes... — saludó con amabilidad — Tengo un pedido para Elysia Brennan. — Elysia frunció el ceño.
— Debe haber un error, yo no pedí nada. — el repartidor consultó su ticket antes de negar con la cabeza.
— No, no hay error, alguien lo ordenó para usted y ya está pagado. — Mia soltó una risa baja y se inclinó hacia Elysia con los ojos brillando de diversión.
— Oh, ya sé de quién viene esto. — camino hacia el chico para recibir la bolsa.
Elysia, sin necesidad de que se lo dijeran, sintió un ligero escalofrío de anticipación, tomó la bolsa de las manos de su amiga con cierta duda y la abrió, dentro había dos envases con comida cuidadosamente empacados y, sobre uno de ellos, una pequeña nota, desdobló el papel con precaución y leyó en voz baja.
"Si no puedo invitarte a almorzar conmigo, al menos deja que me encargue de que no trabajes con el estómago vacío. Lucian."
Elysia cerró los ojos por un momento y suspiró, ese hombre. Mia, que ya estaba leyendo la nota por encima de su hombro, soltó una carcajada.
— ¡Dios, qué insistente! — dio unos saltitos — Y encima, atento, admito que es un movimiento inteligente. — Elysia negó con la cabeza.
Elysia suspiró, resignada, mientras destapaba el envase de comida, apenas lo hizo, un delicioso aroma invadió la florería, haciendo que su estómago rugiera de inmediato, traicionándola ante Mia, quien soltó una carcajada.
— Bueno, bueno... — dijo su amiga con una sonrisa burlona — Parece que el señor Moretti sabía lo que hacía. — Elysia ignoró su comentario y revisó la bolsa.
— Mira esto... — dijo, levantando la segunda caja y ofreciéndosela a Mia — También pensó en ti. — Mia tomó el envase con una expresión sorprendida y emocionada.
— Vaya, debo admitir que tiene buenos modales y si esta comida es de su restaurante, seguro está deliciosa. — Elysia leyó otra pequeña nota pegada en la tapa del segundo envase.
"No sería justo que tu amiga se quedara fuera de la invitación. Que disfruten. – Lucian."
Elysia negó con la cabeza y dejó la nota a un lado, ese hombre tenía demasiada confianza en sí mismo y parecía ser terco, Mia, sin embargo, ya había abierto su comida y tomado un bocado, sus ojos se iluminaron.
— Dios, esto está increíble. — dijo mientras tomaba otro bocado.
Elysia dudó por un segundo, pero su estómago rugió de nuevo, recordándole que había estado demasiado ocupada como para pensar en comer, finalmente, tomó un bocado y, para su desgracia, era tan delicioso como Mia decía. Elysia estaba disfrutando su comida en silencio cuando la campana de la puerta sonó de nuevo, levantó la vista y se encontró con la figura familiar de su hermano, Gabriel.
— ¿Interrumpo algo? — preguntó con una sonrisa ladina al verlas comer.
Mia, con la boca llena, negó rápidamente con la cabeza, mientras Elysia suspiraba y dejaba el tenedor a un lado.
— ¿Qué haces aquí? — preguntó con curiosidad — ¿No deberías estar en la oficina? — Gabriel se acercó al mostrador con un aire relajado, aunque su mirada era analítica, como siempre.
— Tenía un descanso y decidí pasarlo aquí, quería hablar contigo sobre un tema de trabajo, pero parece que has tenido un almuerzo inesperado. — su mirada se posó en los envases de comida y luego en la nota que Elysia había dejado a un lado, su expresión cambió ligeramente.
— ¿Quién es Lucian? — preguntó, levantando una ceja.
— No es lo que piensas, esta mañana vino el dueño de la discoteca de enfrente a comprar un ramo para salvarse del enojo de su novia, fue su forma de agradecernos. — Elysia se cruzó de brazos, sintiéndose un poco acorralada y nerviosa que su hermano malinterpretara eso.
— Ese tipo ¿Sabes quién es, Elysia? — Gabriel suspiro y se pasó una mano por el cabello.
— Solo sé que es el dueño de la discoteca nueva, no me interesa saber más. — Elysia frunció el ceño.
— Es mucho más que eso, Lucian Moretti no es cualquier empresario, tiene una reputación y no precisamente limpia. — Gabriel la miro con seriedad, Mia y Elysia intercambiaron miradas.
— ¿A qué te refieres? — preguntó Mia con curiosidad.
— Solo te digo que tengas cuidado, no quiero verte metida en algo que pueda complicarte la vida. — Gabriel apoyó las manos en el mostrador y miró a su hermana con intensidad.
— No estoy metida en nada, Gabriel, solo fue un gesto de cortesía de su parte, nada más. — Elysia sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero mantuvo su postura firme.
— Solo prométeme que tendrás los ojos bien abiertos. — Gabriel no parecía convencido, pero no insistió más.
Elysia asintió, aunque una parte de ella no podía ignorar la sensación de que su hermano sabía más de lo que estaba diciendo, pero, aun así, trato de no darle mayor importancia.