CAPÍTULO VEINTICUATRO Su habitación en el hospital estaba fresca y silenciosa. Jessie sabía que allí era donde estaba, incluso antes de abrir los ojos. El pitido constante del monitor de su corazón era un sonido demasiado familiar para ella. Se quedó tumbada un minuto con los ojos cerrados, dándose un momento para adaptarse. Podía sentir una ligera presión en la parte inferior de su codo izquierdo y supo que seguramente eso quería decir que le habían puesto una vía intravenosa. El aire frío y ruidoso que soplaba en su boca combinado con sus labios agrietados sugería que llevaba puesta una máscara de oxígeno. Podía sentir el material fino de la bata de hospital contra su piel, proporcionándole muy poca protección del frío que hacía en la habitación. Finalmente, y sin muchas ganas, abrió

