XII

883 Palabras
Samuel nos abrió un pasillo que daba unas puertas de cristal enormes, al abrirlas me encontré con el jardín más hermoso que pude haber visto en la vida, ese lugar era más bello que el de la propia casa donde ahora vivía; se encontró lleno de vegetación y flores que adornaban cada espacio del lugar, así mismo estaba decorado con varias fuentes y algunos bebederos y casillas para pajaritos, aparentemente que aquel lugar había sido sacado de alguna pintura antigua. - Es hermoso.- Admití. - Obra de mi madre y abuela.- Comentó mientras corría una sillita de metal. - Tienen buenos gustos. Deberían enseñarte.- Bromeé. - Están muertas.- Concurso duramente. - Samuel .. Yo.- Samuel no me dejó terminar la oración y enseguida tocó la campaña que se dejó en medio de aquella mesa. -¿ Tomarás algo ?. - Me exigieron. - No, gracias.- Y de repente caí en la cuenta de aquel bello chico estaba huérfano. - Margareth, trae dos tés y bizcochos para acompañar.- Ordenó a aquella robusta señora. La trabajadora asintió y al poco tiempo trajo un juego hermoso de porcelana con la bebida caliente y varios postres acompañando a la mesita, desde galletitas, bizcochos, tartaletas y macarons. Decidí esperar a que él comenzara a tomar para poder servirme a gusto la bebida, no entendía la activación inglesa de tomar el té. Samuel virtio una especie de crema a su té y comenzó un revólver para agregar un cubito de azúcar. Por mi parte decidí hacer exactamente lo mismo y al instante de probarlo me arrepentí por completo. Samuel no pudo contener la carcajada al ver la mueca que había producido en mi aquel amargo té. - Agrégale más azúcar.- Me ofreció varios cubitos. - En mi país, el té suele llamarse nestea y no sabe nada parecido a esto.- Me quejé. - Recuerdo que lleva mucho mucho estar en tu país.- Se burló.- Ahora deja de quejarte y pruébalo. No podía negar que ya no sabía tan mal, pero seguí sin comparar con él el tiempo que tanto estaba acostumbrada. - Me podrías explicar ¿cómo porque diablos le echaste crema? .- Samuel alzó una ceja y sonrió. - ¿Cómo porqué tu igual lo hiciste? .- Preguntó.- Y es leche. Inglaterra cada vez se me hizo más extraño. Proseguí a dejar de quejarme y terminarme aquella taza que parecía infinita, al ver la falta de interés de parte de Samuel en aquella mesa de postres, decidí accederme de ella. Probé cada uno de los postres servidos e inclusive me di el lujo de repetir unos. - ¿En tu país igual se comen todo de golpe? .- Hipócrita, pareciera no recordara quien se trago más de una hamburguesa. Ignorar su comentario y concentrarme en seguir analizando el lugar. - ¿Qué tantos frutos crecen aquí? .- Pregunté con mucha curiosidad. Me emocionaba estar ante un lugar lleno de tanta vegetación. Samuel se paró y con un movimiento de cabeza me indicó que seguí. Se metió en una cabañita en el jardín y sacó dos canastas, me entregó una y nos encaminó a donde se encontraban aquellos árboles. - ¿Cuál es tu fruta preferida? .- Me gustaría sin voltearme a ver. - Mmm no sé, es que me gustan las frambuesas, pero creo que la que más suelo es la manzana, aún que igual me gustan mucho las fresas.- Samuel volteó los ojos y sospechó ante mi respuesta. - Quedémonos en manzana.- Me silencio. El se detuvo en unos pequeños arbustitos y comenzó a recolectar lo que parecían frutitos. - Aquí tus frambuesas.- Me entrego.- De plano te digo que no subiré por las manzanas.- Sentenció. - Tampoco es como tener la esperanza que lo hicieras.- Me sinceré. Samuel nos permitió un árbol alto y espeso lleno de hojas y manzanas brillosas. - Es buena temporada.- Observé los frutos.- Todo tuyo.- Dijo burlón. Sin pensarlo mucho, me corrí las mangas y comencé a trepar aquel tronco grueso. La cara de Samuel era una mezcla entre asombro y risa, pero no permitiría que me humillara. Como me pude sostener las ramas y comencé a tirarle a las manzanas, por su parte él estaba disponible para mirar tranquilamente y recoger las que aventaba. Después de haber bajado una cantidad considerable, me disculpo a bajar, agradezco haber llevado tenis y comencé a engancharme de cada ramita con los zapatos, pero para mi desgracia, una de ellas me atoro, impidiéndome el paso y tirándome del árbol. Sentí como lentamente mi cuerpo iba perdiendo la batalla contra la gravedad y esperaba aquel duro impacto con la tierra, pero en su lugar fui recibido por unos fuertes brazos y un pecho acogedor. Al abrir los ojos me encontré a un Samuel tan cerca de su respiración que podría sentir como si me quemara. Creí llevar un tiempo eterno en brazos de aquel chico, cuando fuimos interrumpidos por un carraspeó. - Samuel, abuelo te llama.- Hailey nos miraba con cara de pocos amigos, mientras yo sudaba de la vergüenza. Por su parte, Samuel me bajo lo menos afectado posible y yo me disculpo a acomodar mis prendas. -Eh .. amm gracias.- No pude formular más antes de que el chico me diera la espalda y comenzara a caminar en dirección a su prima, por mi parte me quedaría contemplando la fruta que había ocasionado aquel bochornoso accidente.
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