El haren imperial había sido conmocionado por la noticia del embarazo de la emperatriz. Todas las esposas y concubinas del rey estaban intranquilas con ello. Sin embargo, guardaban una esperanza; que la reina diera a luz una niña. Ezra ya había asimilando un poco más el embarazo de la reina. Ella sabía que en cualquier momento iba a pasar eso. Y más que preocuparse estaba pensando en cómo ganarse nuevamente el favor del rey. Era una ironía, pues cuando no había deseado la atención del rey este la había solicitado para servirle. Ahora, quería ganarse ese favor, sin embargo, parecía no tener ninguna esperanza entre tanta competencia. —Madame, ¿desea dar un paseo? —preguntó Didi —No, siéntate un rato conmigo —dijo señalando el banquillo del frente —Pero Madame, eso va en contra de las re

