**ADRIANA** Nunca imaginé que ese momento llegaría. Que después de tanto silencio, de tanta distancia, de tantas veces en que creí que lo nuestro se había extinguido… Tomás estaría allí, frente a mí, con esa mirada temblorosa que conocía tan bien, y una pequeña caja entre sus manos. Cuando la abrió, todo se detuvo. El anillo brillaba bajo la cálida luz del restaurante. No era ostentoso ni exagerado; era delicado, sencillo… perfecto. Como si hubiera esperado todo este tiempo solo para estar en el lugar correcto. Sentí cómo la respiración se me desacomodaba. Un nudo subió desde el estómago hasta la garganta, y por un instante no pude decir nada. Solamente lo miré, con los ojos empañados y el corazón desbordado. Me giré instintivamente. Busqué en la sala a los rostros que me sostenían.

